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Me han visto en Alaska (Poema – Improvisación VIII)

Un pequeño poema improvisado que me inspiró el mapa que tengo aquí en el blog…

Las estadísticas me informan
que me han leído en lugares
distantes, distintos, dispares
como Australia y los Urales

Escribir es proyectarte
Y que te lean, es visitar
Así, me sale gratis
Si mis letras viajarán

Pienso en los esquimales
(y no sé porque leen en español)
E incluso bajo volcanes
En Hawaii, he estado yo

Una paradoja triste, extraña
bajo este cielo tan azul:
Hasta me han visto en Alaska
Pero no me has visto tú

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Las arenas de lo incierto (Poema)

Un poema reciente… ¡Y la novedad de que el blog ya tiene canal de YouTube! Ahora, algunos poemas y demás publicaciones serán acompañadas por un video del canal, espero se puedan pasar y si les gusta, se suscriban. Pero bueno, el poema dice así:
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No hay nada más bello
Que dos personas caminando
En las arenas de lo incierto

Pues es posible un pronto final
Con la duración de un suspiro
Más precisamente, es lo efímero
Lo que lo hace algo tan especial

No hay astro más brillante
Que el que recorre el cielo
Y luego se va, cuanto antes

Pues su luz, tan poco nos dura
Que el saludo se torna en despedida
Más así, justo así es la vida
Y es necesario aprovechar la dulzura

El amor del poeta (Reflexión)

La poesía no es más que el aullido que lanza el corazón, en ausencia de la mujer amada. Así como el lobo busca y persigue sin alcanzar el fulgor plateado de la Luna Llena, el poeta escribe gotas de dolor, para la dama que ha tomado el turno de no acudir ante sus llamados de amor.

Ahí radica la paradójica maravilla de los poetas: Causan sensaciones de amor y placer en quienes leen su obra… la cual no es otra cosa sino el polvo fino, que cae de los trozos de su corazón desperdigado por el mazo sublime del rechazo femenino.

Así, nunca verás a un poeta llorando, al menos que el vino le haya ganado la batalla: es la pluma del escritor la que suda, sangra y llora tinta, y solo en momentos de vergonzosa realidad y confianza ciega hacia el hermano o amigo, logra expresar su verdadero sentir con palabra hablada.

Pues esa es la paradójica cárcel de los poetas: Viven presos de su pluma y tintero, pues lo que no gritan en este mundo, lo compensan creando universos paralelos. Universos de felicidad, lucha incesable y dragones a los que combatir al filo de la espada del verso.

Si un poeta se enamora de ti, ¡ay, desdichada! Pues él, a pesar de saber que las hijas de Afrodita no desean recibir versos y que seguramente será rechazado por tu merced, el seguirá creando, inmortalizando, transformándote en su musa inspiradora… Y en tu nombre creará mundos, universos, destruirá dragones y bajará la Luna (pues es sabido por los filósofos que solo un poeta puede realmente bajar la Luna, o subirte a ella, según su propósito).

Tú, a quien Destino hizo que enamoraras al joven escritor, prepárate para la constante lucha entre el orgullo y la tristeza. Orgullo, pues serás inmortal, y así pasen los siglos, siempre se recordará que hubo una mujer que causó tanta calamidad y tanta locura en un hombre… Tristeza pues sabemos que las mujeres no desean poesía, y no hay nada más lamentable ni lastimero, que ver a un poeta con el corazón roto.

Y ahí radica la tercer paradoja del poeta, que más bien es del objetivo de tanta poesía y halago: Su obra (y en el proceso, su Musa) se vuelve inmortal y es aclamada por todos los que la ven… Excepto por la mujer a la que fue escrita. No hay nada más puro que el amor de un poeta, y no hay nada más ciego que la mujer de quien el poeta se enamore.

Y sin embargo, el poeta tendrá fe, sin importar lo que suceda. Pues así como puede crear universos en los que baja la Luna, también puede crear un paraíso (que tal vez algún día se vuelva real). Un paraíso donde las mujeres tienen los ojos y el corazón abiertos, y responden ante el verdadero amor, el amor del poeta.

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Cálida (Poema)

Tomé tus manos y las encontré cálidas
Te mostraste como eres, ya desarmada
Tus mejillas al rojo, suave tu mirada
Al hablar, nuestras voces se quebraban

Te expliqué y me explicaste muchas cosas
Mas tenerte entre mis brazos, fue la gloria
Besar tu rostro y susurrar mil “te quieros”
Al mismo nivel, dos humanos sintiendo

Ni tú eres un ángel, ni yo un demonio
Sea como sea, tú para mi, eres un todo
Pasar mis dedos por tu piel, porcelana
Te mostraste como eres, y por eso, gracias

Al conocerte, no sabía que esto iba a sentir
Y no me arrepiento, tu mirada me hace feliz
El pastizal en tus ojos, y el sol en tu rostro
Y tus cabellos suaves, revestidos de oro

Perdón por decir que estabas congelada
Encontré el verdadero calor de tu alma
La nieve en tu piel es cálida al tacto
Traduce mi mirada, pues dice “te amo”

Inmaculada (Poema) | Por Agustín E. Bataz

Como la cara más oculta
Del fondo oscuro de la Luna
Desconocida, inexplorada
Deseo hacerte mi morada

Habitar las zonas abisales
Debajo de tus miradas
Debajo de tus lunares
Morir en ti, vivir mañana

La nieve de tus montañas
No existe alguna más blanca
Mi cordura, quiero perderla
En tus valles y tus praderas

La más brillante pureza
Rompe mi gran impaciencia
Tu halo de brillo tan inocente
Ocupa hoy, toda mi mente

La fusión de espíritu cálido
Con uno frío,  de rostro pálido
Desconocida, inexplorada
Morir en ti, inmaculada