Instituto Nacional Electoral: Mi experiencia como CAE

En vista de que la elección del Estado de México ya está a la vuelta de la esquina, y que mi escrito, aquí presente, no fue aceptado en la convocatoria del INE… bueno, aquí la dejo para quien guste revisarlo. Obviamente, cuando escribí la versión que envié al concurso, la hice muy “clasificación A”, sin palabras altisonantes, suavizando momentos y con un final muy cursi de “Contigo México es más, súmate!”, arcoiris y unicornios… Ja ja.

Ahora verán la versión original.

El camino del CAE
(Agustín E. Bataz)

Introducción

Ésta es mi experiencia como Capacitador Asistente Electoral, durante el proceso electoral concurrente de 2015, en el Estado de México. Para comenzar, sólo diré algo: siempre que alguien me pregunta: – ¿Qué tal estuvo el INE? –, no puedo evitar soltar una risa sarcástica, y exclamar: – Cabrón, como dijo el Cuervo: ¡Nunca más! –

Mi historia se remonta a diciembre de 2014, cuando mi padre leyó un cartel, camino a su trabajo: “¿Quieres trabajar como Supervisor Electoral o Capacitador Asistente Electoral?”. Ese día me contó al respecto, me dijo que sería bueno… podría “servir al pueblo”, ver como se realizan las elecciones desde dentro, y además, ganar dinero en el proceso. Sí, era una gran oportunidad, considerando que yo estaba en proceso de titulación; y bueno, los becarios en psicología no son famosos por ganar mucho dinero.

Siempre positivo, pensé “¿qué es lo peor que puede pasar?”, y acudí a dejar mis papeles. Ahí se dio el primer problema. Resulta que, aunque radico en un municipio, mi distrito tenía cede en otro. – Mira, chavo, aquí en tu credencial dice el número de distrito, y eso es yendo a Satélite. –, me dijo un hombre, con el tono de voz condescendiente que se usa cuando estás corrigiendo a un niño pequeño;  el mismo que ahora usan los pseudointelectuales de Facebook al decir “Ínformate, saludos 😉 “.

Sin problema, un camión y ya estaba en el lugar.

Dinero fácil a cambio de tu alma.

Selección: pruebas, pruebas, pruebas

Llegué a la Junta Distrital a dejar los papeles. Días después, fui a una plática inicial, la cual me dejó pensando: “¡¿Qué yo haré qué?!”, al escuchar tanta terminología electoral, hasta ahora desconocida. La Vocal (una de las líderes, pues), hizo mucho énfasis en que necesitaba que fueramos sus esclavos, es decir… que tuvieramos TOTAL disponibilidad de tiempo (“si deben ir a capacitar a las 10 de la noche, ni modo”).

Luego vino el examen de admisión: un híbrido de test actitudinal, de aptitud y de conocimientos. Éste incluía cosas tan obvias de responder como “Si ves robando a alguien, ¿lo reportarías?”, hasta situaciones más complejas, como la secuencia en la que se debe revisar una credencial de elector durante la jornada. Mis 2 sesiones de estudio con la guía que nos dieron anteriormente, me valieron un 8.5 de calificación.

El protocolo dictaba que mi siguiente escalón fuera una entrevista, la cual tuve con el Vocal de Capacitación, un señor muy amable (de los únicos amables de la Junta) y con acento regio. Él me preguntó sobre mi experiencia laboral, escolar y personal. Respondí como mejor pude y me gané el ansiado (¿ansiado?) puesto: Capacitador Asistente Electoral. El día de la contratación, se nos aplicó un test de Machover (ese de “dibuja una persona y escríbele detrás una historia”). No entendí para qué, si ya estábamos firmando (fue innecesario), pero esa es otra historia. ¡Ya estaba contratado!

Ahora, la aventura apenas comenzaba…

Ilusos en caricatura.

Primera Etapa: viento en popa

Una primaria cercana a la Junta fue el escenario de la capacitación. A todos se nos recibió con una mochila con estampado alusivo a la elección, un par de mapas, lápiz, y tres manuales que fungirían como libros de texto; además de una fiel tabla. Los profesores serían los Vocales, y Supervisores, igualmente recién contratados. Los últimos, mostraban titubeos, pero gran entusiasmo; el Vocal Ejecutivo, con un discurso apasionado sobre las elecciones y sus antecedentes (aburría a la mayoría, pero siempre he sido fanático de la historia); el de Capacitación, siempre amable y dándonos ejemplos de su experiencia… Cada quien, esforzándose por enseñarnos, usando diapositivas de Power Point y dinámicas de pregunta-respuesta con el aula. Eso sí, muchos abusaban de leer las diapositivas (hombre, no estamos en secundaria…). Pronto se nos asignó Supervisor, Zona (ZORE) y Área (ARE).

Aquí tuve buena suerte por qué mi Área de responsabilidad era prácticamente mi colonia y la de junto. También tuve mala, por qué dicha ARE tenía 7 casillas (cuando el promedio es de 4 o 5). En fin, en el curso se nos dijo que éramos fundamentales, pues de nosotros dependía el éxito de la elección. Nuestro deber como CAE’s era sensibilizar y capacitar a todos los funcionarios, y, para evitar la falta de gente, se requería juntar a 20 ciudadanos por cada casilla en esta etapa (140 totales, en mi caso). También teníamos que encargarnos de labores de Asistencia (sobre la organización): verificar la casilla, poner carteles, avisar de eventualidades, etcétera.

Al finalizar ese curso, se nos dio uniforme: un sombrero de explorador y un flamante chaleco rosa mexicano (uniforme que, no es broma, hizo que algún amigo me llamara “Indiana Jones Gay”). Por último, recibimos varias hojas con los nombres y direcciones de los ciudadanos insaculados (palabra pomposa para “sorteados”) en el primer sorteo.

Con esta lista, vino uno de los mayores ralentizadores para un CAE: el orden de visita (y claro que los burócratas aman ralentizar las cosas). ¿Qué es eso? Simple: un orden para ir visitando ciudadanos. Estaba agrupado por manzanas: se estipulaba que antes de entrar a la manzana “B”, debías terminar con todos los de la “A”. Hasta aquí, todo bien, pero la cosa se complica al pensar que la mayoría de colonias del Estado de México son subidas, y es frustrante tocar una puerta, recorrer media manzana para visitar a otro ciudadano, y luego regresar todo el camino para visitar al vecino del primer ciudadano. Eso multiplicado por 20 te da como resultado… sólo una manzana de las tantas que tienes que visitar.

Por si el orden de visita no fuera suficiente problemático per se, tenía docenas de errores. Por ejemplo, mi ciudadano #21 estaba en la manzana 10, pero el #22, en la manzana 45, y el ciudadano #23 ni siquiera estaba en la colonia. Todo esto, lleva a muchos CAE a “torcer” la regla, y tomar, por ejemplo, a 20 ciudadanos del orden de visita, acomodarlos por calle y número de calle, y visitarlos rápidamente antes de que llegue el ojo vigilante de Supervisores o Vocales.

Lo anterior es un secreto a voces, y me causaba gracia ver a algunos Supervisores e incluso a Vocales, escandalizarse ante la sola idea de no seguir fielmente el orden de visita. “No, ¡claro que no! Si tu 21 está lejos del 22, ni modo, para eso te contrataron.”, nos llegó a regañar alguno (que por cierto, era esposo de una compañera Capacitadora mía, la cual avanzaba sospechosamente rápido…).

Hay que decirlo: a las reglas deficientes no siempre se les puede seguir, y vamos, cuando los burócratas que maman impuestos gobiernan, hay que hacer lo posible por que todo salga un poco más rápido…. Uno, como CAE, comprende que no todo es culpa de nuestros superiores, pero los superiores deben comprender que el Capacitador no es un Superhéroe. Consideremos que la primera etapa de capacitación duraba menos de 2 meses, y al menos yo, tenía más de 750 ciudadanos a visitar en toda mi área. Si tomamos en cuenta el tiempo de ubicar domicilios, convencer, capacitar, rechazos, comer y dormir (hey, los CAE’s también tienen necesidades), jamás lo hubiera logrado siguiendo el famoso orden.

Esos meses trajeron tragos amargos. Hubo un momento en el que tuve que usar todo mi aprendizaje de “El Encantador de Perros” para evitar que un malhumorado canino me soltara un mordisco; momentos en que, los ciudadanos, al escuchar: “salió sorteado”, me cerraron la puerta en la nariz; casas que simplemente no encontré; personas que me externaron toda su desconfianza al gobierno y al INE, como si yo fuera el causante de todos los males (y oigan, yo desconfío del gobierno tanto como cualquier otro).

Sin embargo, también hubo momentos geniales. Personas llenas de entusiasmo; días que me invitaban a comer hasta tres veces por jornada en distintas casas; poder conocer a mi comunidad y las personas que compartían calle y colonia conmigo (el paisaje, desde lo alto, es estupendo); que te saludaran en la calle:  – ¡Mira, ahí va el del INE! –, con una sonrisa; la satisfacción de ver que alguien más aprendió algo gracias a ti; incluso tuve cierto acercamiento con una o dos ciudadanas… (eso lo dejo para otra ocasión). En ratos como esos, y lo digo en serio, las cosas valían un poco más la pena.

Pude conocer de primera mano, la realidad de mi colonia: varios sorteados no tenían ni la primaria, y muchos rechazos fueron por analfabetismo. Otros, por que la persona se había ido “al gabacho” para trabajar; tocó una ciudadana que había muerto (qué mal me sentí al ver la expresión triste de su madre). Algunos me rechazaron por trabajo, algunos por flojera: – ¿Todo el día? –, decían, – No, ¡cómo crees! –. Hubo varios que negociaban, con total honestidad: – Mire joven, sé que usted tiene su exigencia, así que le voy a firmar… pero si me sale otra vez, ¡ahí si le fallo, eh! –. En fin… Me topé con personas de todos los tipos, estratos socioeconómicos y escolaridades: desde personas sin primaria hasta una post-doctorante, quien desafortunadamente me rechazó. Conocí a más de 750 personas, 750 Universos distintos. Así, poco a poco, cumplí mi cuota de más de 140 ciudadanos capacitados en el primer sorteo.

Indiana el fabuloso.

Segunda etapa: Tiempos difíciles

Los meses anteriores fueron duros, pero los siguientes lo fueron en serio. En la segunda capacitación que se nos dio, supimos que ahora, crecerían todas nuestras responsabilidades de organización: entregar paquetes electorales, verificar casillas de nuevo, revisar material, simulacros del Sistema de seguimiento. Respecto a los deberes de capacitación, había simulacros, resolución de dudas, y capacitaciones menos numerosas, pero mucho más complejas.

La exigencia genera estrés, y con él, viene la discordia. Así, en mi ZORE, comenzó el caos. Cierta CAE (la misma que mencioné hace rato) llevaba varios procesos electorales, lo que la hacía sentir indomable y superior; usaba cualquier pretexto para hacer conflicto y menospreciar la autoridad de la Supervisora (la cual, hay que decir, tenía muchas ganas, pero era inexperta como la mayoría de nosotros). También había CAE’s influenciables, grilleros o simplemente flojos (mención honorífica para cierto niño sicario Wannabe, LOL), lo cual trajo más tensión. Personalmente, me alejé de todo ello, pues tenía que dividir mis fuerzas en mi titulación, casi a término, y mis 63 funcionarios sorteados (42 para las mesas, el resto como suplentes).

Durante esta etapa hubo otro punto que debe mejorar muchísimo: la coordinación del INE con el Instituto Electoral del Estado de México. Comprendo que era la primera vez, pero yo noté muchísimas fallas en eso. Desde la capacitación anterior hubo contradicciones y falta de comunicación, pero en la segunda etapa se volvió cada vez más evidente: diferentes maneras de organizar y entregar material, un convenio que tardó meses en realizarse… Y la peor es que el día de la elección, había que entregar un paquete electoral a la Junta federal, otro a la municipal, y otro a la estatal: 3 viajes por cada casilla (como si tuviéramos camionetas, tiempo y gasolina a nuestra disposición).

Otro tema importante fue el de los bonos del IEEM. Los trabajadores del IEEM tenían, nosotros no. Había rumores de que sí íbamos a tener, pero cuando se supo que no… bueno, ese era el principal pretexto para que mis queridos compañeritos hicieran el ambiente más pesado.

Volviendo a mis capacitaciones, yo tenía 63 nombramientos para los sorteados. De ellos, 20 se quedaron, los otros 43 fueron sustituciones. Las razones, muchas: “Yo te dije que no iba a aceptar”, “Ay, es que me enfermé”, “La verdad ya no quiero”, “Uy fíjate que ya se mudó quien buscas”, y muchas otras fueron las frases que escuché en esas semanas. Mi Supervisora me apoyó en varias ocasiones, y aún con el viento en contra, logré terminarlas justo en el tiempo límite. Admito que esta parte del proceso electoral fue la más difícil para mí. Se acumulaban problemas personales, el caos interno de la ZORE, los problemas de capacitación y organización, dando como resultado un cóctel de estrés muy potente.

A mis simulacros acudieron 12 personas, y eso que invité a mis 63, a 6 simulacros. Comprendo que cada quien tiene sus obligaciones personales, pero la falta de motivación era evidente. Atribuyo esto en parte a mí, cada vez menos entusiasta con las fallas que había visto de ambos institutos, y a los mismos, por no remunerar de manera justa a los funcionarios; menos de 250 pesos, son una mentada de madre (¿han escuchado cuánto paga un partido por ser representante? Hay rumores de que más de $10,000). Sé que la participación debe ser voluntaria, pero en tiempos de incredulidad y duda, hace falta incentivar a la población… o eso creo yo.

Antes de darme cuenta, llegó la última semana antes de la elección. Tiempo de entregar paquetes a los presidentes en su domicilio, en horas tan dispares, como las 6 de la mañana o las 11 de la noche. Los CAE’s debíamos ir a la Junta por un paquete, luego ir a la del Estado por los otros dos, llevar todo con el Presidente, hacer recuento, firmar un papel… Y repetir el proceso para cuántos Presidentes tuviéramos (siete, en mi caso). Los paquetes venían sellados y jamás comprendí por qué la negación ante la idea de llevarnos todos los paquetes a nuestra casa, y de ahí distribuirlos. ¡No, eso nunca!

No he mencionado los trucos de los Partidos, ¿verdad? Bueno, un día, yo iba a recoger paquetes, cuando un representante de cierto Partido Político blanco con azul, me abordó y me dijo que me seguiría a casa del Presidente para comprobar que todo fuera conforme al procedimiento, y que era mi deber permitirlo. Resulta que esta acción es ilegal, y mi Supervisora me dijo, casi gritando, que lo corriera. Así lo hice, y el altanero representante, se fue refunfuñando (tuve que pararme y mirarlo fijamente con mi peor cara de “chinga a tu madre, mocho”, para que se alejara).

Partido Acción Nacional: casi lo mismo que el PRI, pero más homófobo y etílico.

Al volver, por otro paquete… un representante de cierto Partido amarillo con un Sol, me dijo lo mismo. Yo, molesto por tanto viaje, bufé: – Eso es ilegal. Váyase y no moleste.–. Mi cara bastó para ahuyentar al tramposo político.

Cloaca del PRI, que diga, Partido de la Revolución Democrática.

Hay otra anécdota de la CAE conflictiva que mencioné párrafos atrás, yendo a “capacitar” escoltada por una representante de cierto partido tricolor. Incluso entregaban despensas a los sorteados, para “pintar la casilla de rojo”, pero esa, querido lector, también es harina de otro costal (maldita corrupta).

Partido Revolucionaro Institucional: El nido de ratas más viejo del país.

El caso es que, como en todo proceso político de tamaña envergadura, hay momentos de corrupción y personas que toman ventaja. Situaciones que, como mexicanos, debemos detener y no fomentar, para que poco a poco, México sea un país de transparencia (uno de los valores que el INE dice que defiende… aunque dudo que no sepan nada de estas situaciones).

En fin, después de mucho esfuerzo, sudor y lágrimas, llegó la noche anterior a la elección.

La elección: el momento de la verdad

Despertarse a las cuatro de la mañana para ir por las camionetas que el INE contrató para llevarnos con nuestros funcionarios, es incómodo. Tener que esperar media hora porque el INE no contrató las camionetas suficientes, es muy frustrante (y otro punto a mejorar). Tengo que decir que casi tiro la toalla cuando, a la hora de por fin llegar a mis casillas, descubrí que la mitad de mis funcionarios me había dejado plantado. Casi todos mis suplentes asistieron, así que algunos incluso tuvieron que ser Secretarios. También tomé gente de la fila, y por eso la elección tuvo que empezar hora y media más tarde. Recuerdo las miradas tan densas de los votantes y representantes cuando dije: – Gente de la fila, hasta que no se junten voluntarios para llenar la casilla, no empieza. Ustedes decidan. – Retomando el tema de los políticos aprovechados, unos representantes de cierto partido mesiánico que es la esperanza a México (según ellos), casi convencen a un Presidente de dejarlos como escrutadores. Afortunadamente llegué, les dije que eso era ilegal y lo sabían. Los representantes solo asintieron, voltearon a otro lado y dejaron la mesa en paz.

La fosa donde ha ido a parar lo más rancio de PRI, PRD y demás partiditos (y para ejemplo, su farsante lider)… Morena.

La elección transcurrió sin muchas eventualidades. Varias quejas de que “los funcionarios no debían ir al baño”, por parte de varios partidos (no es broma); ciudadanos que dejaban su boleta federal en la casilla local; y esos problemillas típicos. Lo más difícil fue lidiar con la alimentación de mis funcionarios, ya que el INE apoya de manera muy deficiente, con la remuneración mínima, y esperan que de ahí salga la comida. Fue complicado tener que ir por comida para todos, y yo mismo tener que pagarla porque me daba vergüenza decirles: – Miren, el INE les dio poquito, pero yo les voy a quitar parte de eso para que puedan comer. Sean comprensivos, no vaya a ser que se acabe el millonario presupuesto del Instituto.–.

Yo hacía rondas entre mis dos casillas, llamé al sistema de seguimiento cuando me tocaba, y no tuve ningún incidente grave. Lo interesante vino luego del cierre de votación. El problema de usar gente de la fila, no capacitada, es precisamente, que no saben muchas cosas fundamentales. El conteo fue un caos. Los escritos de queja llovieron a la mínima provocación, e incluso una representante de no sé qué partido nos cerró con seguro para que no saliera nadie al baño (se lee chistoso, pero no lo fue en el momento… so paranoica). A paso lento y dando tumbos, los paquetes fueron armados y dispuestos para ser entregados: hora de más caos.

A mi disposición estaba un microbús, y yo debía transportar a 18 personas, cada una con tres paquetes del tamaño de televisiones, a tres Juntas electorales distintas. “¡Ya me quiero ir!”, “¿A qué hora regresa el micro?”, “De haber sabido, ¡ni acepto!”, eran algunas máximas de mis funcionarios. De haber sabido, ni siquiera yo hubiera aceptado, ja ja.Para no hacer el cuento largo, hicieron falta el microbús, el auto de mi supervisora y mi propio auto para terminar de transportar a toda esa gente y todos los paquetes electorales. Volví a mi casa exhausto, hambriento y sediento a las tres y media de la mañana.

Reflexiones: consideraciones finales

Al día siguiente amanecí afónico, con migraña y pensando “nunca más, ¡nunca más vuelvo al chingado INE!”. En el escrito que mandé a concurso, dije que después de eso recapacité y me di cuenta de que mi participación fue épica y el INE es lo máximo. Terminaba ese escrito con el lema tan cheesy del instituto: “Contigo, México, es más. Súmate”.

La verdad es que, 2 años después, sigo sin querer regresar.

Una semana después de la elección, nuestra última misión era entregar los reconocimientos a todos los funcionarios. Los supervisores ni siquiera nos iban a revisar eso; la idea era recogerlos, firmar algunos papeles y recibir nuestro último cheque (los reconocimientos ya eran a consciencia de cada quien, si eran entregados o no).

Bueno, para doña “Pintemos la casilla de rojo” y sus esbirros, era demasiado trabajo, así que se rehusaron a recoger los reconocimientos, por lo que el INE no les liberó su cheque hasta que tuvieron que ir a hacerlo (además del papeleo standard). Una compañera y yo no quisimos complicarnos la vida, así que solamente hicimos lo que nos tocaba, recibimos el pago y nos dispusimos a decir adiós al INE. Mis compañeritos consideraron eso como alta traición, así que, por no ser unos huevones como ellos, nos dejaron de hablar (al menos a mí).

En fin, dejando de lado esa anécdota personal, igual terminaré con reflexión. Pude ver en las acciones del personal, desde Vocales hasta Técnicos, que creen en lo que hacen y se esmeran en dar buenos resultados al final del día. Bien dicen que los errores se corrigen, pero la actitud no… Aquí hay actitud y ganas de hacer las cosas bien: eso es lo que cuenta.

Honestamente, no sé como se las gasten los altos mandos del INE, pero al menos, hasta donde yo vi, no hubo problemas. Mi punto es que no hay que odiar a TODAS las personas que pertenecen a cierto grupo; pueden no saber de los robos que hacen sus jefes… o pueden (como yo) no identificarse para nada con la institución.

Creo que hay que reconocer que la política mexicana está en un muy mal concepto para el pueblo. Sin embargo, la participación ciudadana es fundamental, porque si nosotros no hacemos algo para cambiar, ¿quién lo hará? Hay bastantes personas deshonestas, pero si los buenos no actúan, ellos ganarán siempre.

Yo no volvería al INE, pero ¡hey!, el IEEM sigue dando esos bonos…

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TELECOM y el Analfabeta Presidencial

Las vacaciones me tomaron por sorpresa. Vuelvo, y leo que el ladrón incompetente de Peña Nieto va a robarnos el internet, único espacio donde, de manera sencilla y gratuita, una persona puede enterarse de casi todo lo que ocurre en casi cualquier lugar; excepto por Korea del Norte y Venezuela, donde sus dictadores ya censuraron las redes de una manera catastróficamente similar a lo que ahora pretende la presidencia mexicana.

Su ley TELECOM es el intento más fuerte que se ha hecho en el país por quitarnos la libertad de expresión, acceso a la información y otros aspectos importantes. No volveré a explicar todo lo que esto conlleva, ya ha sido escrito aquí: http://www.sopitas.com/site/315692-contra-la-leytelecom-de-pena-nieto-informate-y-actua-contraelsilenciomx/

Como ahí dice… no se pide mucho, acciones sencillas en conjunto pueden ayudar a la defensa de la información libre. El hashtag #EPNvsInternet será el escudo inicial, hoy y mañana. Después, mañana martes 22, la cita es a las 6 de la tarde en el Ángel de la Independencia (para darle un mejor uso a ese monumento que celebrar la basura del fútbol soccer), o en la Avenida Chapultepec, en Guadalajara, si te queda más cerca.

Se que, en primera, este blog no es muy leído. Sin embargo, no hay acción pequeña, y levanto la débil voz de “Hablando Con Sinceridad”, para llamar a la unidad… Se que es bueno hablar de cosas revolucionarias en las redes, pero ¿y la acción? Propongo que realmente un grupo diga “ESTE DÍA, A ESTA HORA, EN ESTE LUGAR, VAMOS A TOMAR LOS PINOS” (o no exageremos, no los Pinos tal vez, pero si a iniciar con acciones que paren en seco las estupideces del Analfabeta presidencial y todo su gabinete de coyotes.

También aprovecho para, una vez más, decir a nombre de mi pequeño blog: “YO ESTOY EN CONTRA DE ESTAS LEYES QUE QUITAN LAS LIBERTADES, ESTOY EN CONTRA DE LA DICTADURA PERFECTA, Y POR SOBRE TODAS LAS COSAS, ESTOY EN CONTRA DE ENRIQUE PEÑA NIETO Y/O CUALQUIERA QUE ESTÉ SOBRE EL”. Y censurame el blog, haré otro usando una nueva I.P. y seguiré hablando.

En segunda, se que mi blog está destinado a hablar de poesía, temas paranormales y demás expresiones artísticas… Pero es momento, como ya dije, de la unidad. Así…. espero este blog sirva de algo en la lucha contra toda la mierda que está pasando en el país.

Esto es todo, en breve proseguirá la programación normal.