Kilauea (Poema-Reflexión)

La inspiración llega en los lugares más insospechados. En esta ocasión, me vino hace un par de semanas, mientras veía la Ciudad de México desde el cielo… El título viene del nombre de una atracción de Six Flags, y puede parecer tonto, pero creo que es un modo personal de ilustrar lo que a veces pasa por la mente. Espero les guste.

Parte I:

Caigo, y todo lo que siento es la adrenalina, bajo
Y vuelvo a sentir lo que hace tiempo no sentía
Ver al mundo desde el suelo, la amargura de otro duelo
Por las cosas que quería y me fueron arrebatadas

No tengo alas, solo fallas, te caes y todo el dolor
Permite a mi canción la vivencia de la derrota
Fracaso en lo que hago, y fuera de, ya no hay fe,
Cabizbajo, fallo, programada está mi mente

La muerte… acecha en cada esquina, mil problemas
Y la meta no está cerca, se difumina en la niebla
Una guerra donde nadie gana, los halcones ya no vuelan
Y mis penas toman fuerza con el viento, puedo verlas

Mi fuego se llama miedo, y hoy está quemando tanto
Le perdí el control, llega el llanto, vivo en un invierno
Sopla el viento, arrecia el huracán que otra vez derriba
Soy minúsculo, soy un cobarde, sufro otra caída

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Parte II:

Me elevo, y todo lo que siento es la adrenalina, vuelo
Y vuelvo a sentir lo que hace tiempo no sentía
Ver al mundo desde arriba, saborear la hermosa dicha
De las cosas que quería y se cumplieron de esta forma

En linea recta, espera, te elevas y la elevación
Permite a mi canción la vivencia de la victoria
Campeones en el campo y fuera de él, ser valiente
Y en todo momento en lo alto va la frente

La muerte… se aprecia tan lejana, no es problema
Y la meta, aunque no cerca, cada vez la veo más clara
Un mañana en la cima, donde los halcones hoy baten las alas
Y mis ganas toman fuerza con el viento, entro en llamas

Mi fuego se llama miedo, y hoy me mantiene caliente
Y sonriente de saber que sobrevivo a los inviernos
Sopla el viento, soy el huracán, y lo aprovecho
Soy un súper hombre, soy un héroe, soy yo, vuelo

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Parte III:

Las caídas, son parte de este juego… ¿no es cierto?
Pero el miedo te permite descubrir que algo no va bien
Habrá que ver lo que hacer cuando la vida falle…
Mientras tanto, pase lo que pase, sólo déjate vivir

Que tu experiencia tenga cada día más volumen
Siente y saborea, hasta el dolor cuando es amargo
Así la plenitud, tendrá un sabor más dulce
Y el valor que le añadimos a aquello por lo que luchamos

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Las hojas en otoño (Reflexión)

Considero muy triste que las personas vean como algo hermoso a las hojas en otoño. No niego que los colores rojizos y anaranjados sean muy bellos y engalanen a un árbol; el problema es que esas hojas están muriendo.

¿Es que solo nos detenemos y reparamos en la belleza de algo cuando está por extinguirse? ¿Y si llegara el año en que las hojas no reverdecieran? ¿Y si llegara el año en que ya no pudieras volver a ver las hojas?

Creo que las hojas, las relaciones y las personas deben ser valoradas a diario, no cuanto están atravesando otoños o inviernos….

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¿Qué es lo peor que puede pasar? (Reflexión)

Esa es una pregunta que solemos hacernos constantemente, y sin reparar en el valor de la misma. Estás a punto de atreverte a algo fuera de tu zona de confort, y para dar ese consuelo antes de saltar, dices, “Venga, ¿Qué es lo peor que puede pasar?”. Una persona muy simplista (y tal vez con deseos de molestar), puede decirte al momento “Que algo salga mal y te mueras”; pero haciendo un ejercicio reflexivo, es simple darse cuenta de que la muerte, ante ciertos escenarios, es una caricia de amor y compasión.

De primera mano, y validando la experiencia de cada persona, pienso que la respuesta más “humana” a la gran pregunta, es bastante sencilla: “Lo peor que puede pasar, es lo peor que te esté pasando en este momento.”; lo digo por una razón solamente: en incontables ocasiones, se ha formulado otra pregunta: “¿Podría ser peor?”, la cual da a entender que, como coloquialmente se dice, “estás en el hoyo” (o como mis coaches de football americano suelen decir, aún más coloquialmente: “estás en tu mierda”).

Claro que al escuchar la anterior pregunta, cualquier persona ajena dirá: “¡Claro que puedes estar peor!”, o incluso una de las frases más insultantes que existen: “¡Hay gente peor que tú que sigue sonriendo!”. No niego que si, objetivamente, siempre se puede estar peor, pero, ¿cuál es la necesidad de invalidar el sufrimiento de otros? Decir que no puedes sentirte triste, o asustado, o enojado, o frustrado, o todas las anteriores, solo porque en algún lugar, hay alguien que sufre más que tú, es tan tonto y sinsentido como decir que no tienes derecho a sentirte feliz,o pleno, o querido, solo porque hay personas que gozan de mayores alegrías que tú.

Así que de entrada, no hay peor infierno que en el que cada quien arde. Puede que haya niños en África que no comen y gente que perdió todo en las innumerables guerras existentes, pero si el hecho de que un hombre haya perdido su trabajo es tan significativo y doloroso como para derribarlo, eso es lo peor que le pudo haber pasado. Sin embargo, no quisiera quedarme aquí, quisiera filosofar un rato más y buscar, de manera muy superficial y ociosa, que es lo peor que le puede pasar a un ser humano.

“Siempre es mejor morir que perder la vida”, dice el verso de una canción, y eso para mi, es argumento suficiente como para decir, sin duda, que la muerte no es, ni de cerca, lo peor que puede sufrir alguien. Es decir, hay escenarios en los que algunas personas desean morir para escapar de cualquiera sea la situación que están pasando, y a pesar de que el estado de “Muerte” sea algo definitivo (no puedes levantarte de la tumba), es un estado de paz (puede que no seas capaz de sentir nada bueno, pero tampoco nada malo, y esa es la razón por la que existen los suicidas).

Entonces, si la muerte no es, ¿qué será? Volvamos a la frase anterior, donde se hace la separación entre “morir” y “perder la vida”; desde una lectura de dicha linea, podríamos decir que “morir” es precisamente, el estado de ausencia de funciones físicas y biológicas en el cuerpo, pero “perder la vida”, sería algo más profundo: sería una pérdida de “la vida”, o más bien, de su significado y el deseo por conservarla un minuto más. Pero esto abre una interrogante más: ¿Cuál es el significado de la vida?

Hay quien dice que el significado de la vida es el amor, hay quien dice que el poder, la libertad, la fe, Dios, e incluso un escritor mencionó que el significado de la vida, el universo y todo lo demás es “42”, y tal vez todos ellos tengan razón. Tal vez, así como con el caso de la pregunta mencionada con anterioridad (¿Podría ser peor?), el significado de la vida sea el sentido que cada persona le da. Hay quien vive para la libertad, hay quien vive para el amor, o el servicio, o la fe (en lo que sea), o por Dios, o incluso por venganza.

Desde esta linea de pensamiento, lo peor que puede pasar, es perder el propósito, el significado de la vida, y con ellos, las ganas de vivirla, haciéndola insoportable. Y tiene sentido, ¿Qué podría ser peor que vivir para nada? Sin embargo, a veces parece que si, hay cosas peores. Puede ser que las causas externas, otras personas, etcétera, te lleven a perder el sentido (tal vez la muerte de alguien, o una guerra en la que pierdes todo, o simplemente la situación te ahorcó hasta no poder más), y en este caso, como en todas las crisis, el ser humano tiene dos opciones: rendirse ante la circunstancia y aceptar la fatalidad, o levantarse y seguirse levantando.

Pero, ¿qué pasa cuando no puedes levantarte, a pesar de seguir deseándolo? Supongamos que hay un problema, uno grave; te derriba, y te levantas. Te derriba, y te levantas. Buscas una opción,la pones en práctica, pero no funciona y te derriba. Te levantas y buscas otra, pero tampoco funciona y te derriba. Te levantas y vuelves a empezar. Otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Y una más, hasta que simplemente la presión psicológica de otras situaciones (o personas…) te hace perder la esperanza en poder levantarte. E incluso llegas a pensar que el castigo es algo bueno, y pides por él.

Esa es la peor de las calamidades que creo que puede llegarle a ocurrir a quien sea: perder el propósito y la esperanza, llegando al punto en que pides perdón por sentir y tener sueños, y deseas con todas tus fuerzas que la tortura llegue al punto en que pierdas el corazón y cualquier otra emoción. No solo renunciar a un sueño, sino rogar por que sea destruido, e incluso pedir perdón por haber soñado en primer lugar. La pérdida de la voluntad y la esperanza.

Aquí hay una exageración enorme, no todos son torturados físicamente. Pero claro que hay miles de personas en el mundo viviendo en ese estado de “enajenación”, renunciando, un día a la vez a sus sueños. Pero ellos, sorprendentemente, no son los que más sufren, sino aquellos que, sabiendo y deseando con todas sus fuerzas, deciden renunciar a ello, con seguridad en su mente de que hagan lo que hagan, no pasará nada…

Para terminar este ejercicio de ociosidad (y tal vez de proyección), quisiera recalcar con total énfasis algo que mencioné con anterioridad. Incluso ante el peor de los infiernos, el ser humano tiene siempre 2 opciones: rendirse, y levantarse. Incluso después de perder la voluntad, la dignidad y la esperanza, siempre se puede decidir recuperarlos y volver a ser un ser humano. Por ello, y como alguna vez leí, la esperanza a veces se oculta, pero jamás se pierde.

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Libertad, congruencia y psicología

“Permite que te dé un consejo. Nunca olvides qué eres, porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte.”

La primera vez que escuché esa frase, me dio muchas cosas en que pensar. Después de mucha reflexión (de verdad, pensé mucho), logré descifrar lo que el autor R. R. Martin  quiso decir con ella…O al menos, el significado que le di a esa frase.

Y lo que creo es lo siguiente: No se trata de ocultarte tras una armadura, o atacar a los demás en nombre de “la libertad”. La idea, no creo que sea evitar que te hieran. Todo lo contrario. Pienso que siempre hay gente que busca una manera de criticarte o menospreciarte (llámense compañeros, conocidos, e incluso profesores), que buscan cualquier debilidad o vulnerabilidad para ofenderte.

Sin embargo, creo que al ocultarme y aparentar cosas que no soy, estoy dando una enorme importancia al “¿Qué dirán?”, al evitar mostrar lo que soy, por miedo de los ataques. “Úsalo como armadura y nadie podrá usarlo para herirte”. Creo que es muy cierto, si me muestro tal cual como soy, orgullosamente y sin miedo, nadie podrá atacarme. E incluso si lo hicieran, si yo estoy orgulloso de lo que soy… ¿Por qué las críticas o introyectos de un tercero iban a desmoralizarme?

Tal vez no sea perfecto (¿quién demonios lo es?), pero, como decimos en lenguaje de football americano: “Si nos equivocamos, nos equivocamos a máxima velocidad y seguimos”. No se trata de agachar la cabeza ante el ridículo, de cambiar tu forma de pensar por miedo a lo que otros piensen. ¡Todo lo contrario! Si algo me gusta, me hace sentir bien (y no perjudica a los demás de manera real), sería de necios no hacerlo, o al menos intentarlo.

 Sin embargo, ¿Cómo ser libre cuando lo que aprendemos, nos lo muestra alguien más?

“¿De verdad eres tan ingenuo? ¿Le das la razón a un crío solo por que llora y dice: “Déjame jugar con el fuego, papá?” ¿Acaso le contestas, “Lo que tu quieras”? No. Porque si se quema, será culpa tuya”

Uno aprende a ser libre. Savater bien menciona que hay que liberarnos, por medio de la educación, de nuestra “animalidad”. Y es que, una persona que es esclava de sus propios impulsos, que no puede trascender la carnalidad para mejorar como persona a todos los niveles, no es ciertamente, libre.

Pero ser libre, para mí, es algo muy realizable. Me falta mucho por avanzar, cierto, pero en estos meses he vivido, pensado y cambiado tantas cosas, que estoy realmente convencido de que la libertad es algo realizable. Y ser libre no significa que todo está permitido, sino que somos los arquitectos de nuestros actos, y que debemos aceptar y afrontar las consecuencias de nuestras acciones, gloriosas o infames; haciendo uso del criterio y modo de pensar que aprendemos en nuestra infancia.

Y, como dice la frase, los padres no nos inculcan conocimiento como medio de subyugarnos (eso creo yo), sino que, por medio de un poco de orden, logran liberarnos de nosotros mismos, para que posteriormente tengamos el cerebro (y en el mejor de los casos, el corazón) suficiente para hacer eso cuando tengamos hijos.

Sin embargo, hay vicios que no cambian. De generación en generación, suele pasar que nos inculquen “valores”, que a pesar de que no pensemos que son correctos, se arraigan tan profundo que, al querer actuar de manera discorde, sentimos malestar, que llega a ser tan grave, que perdemos oportunidades de hacer lo que queremos por algo que otros nos dijeron que sería bueno para nosotros.

Por ejemplo, yo llevo dos largos años peleando contra mi incapacidad de expresar sentimientos. Siempre aprendí que una persona que muestra que siente es débil (mi padre aprendió eso de Vito Corleone en “El Padrino”), que es mejor tener un escudo contra todos y solo bajar las defensas con la familia (y en muchos casos ni con ellos), y similares.

“Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos”

Como mencioné anteriormente, hay que aceptar y mostrar lo que somos, ese es, a mi parecer, un medio de mostrar fortaleza, o incluso en caso contrario, demuestra valor, congruencia y convicción de lo que REALMENTE SOY.

Ahora, yo supongo que la mejor manera de separar los introyectos de nuestra vida, para lograr ser feliz, es simplemente eso. Hacer lo que me haga feliz. Dentro de, como ya se ha dicho, las cosas que no afecten realmente a otros, es justo y necesario (como dirían en misa) seguir la propia dicha, hacer lo que yo sienta que es mejor para mi.

No lo que PIENSE que sea mejor para mi, en mi experiencia, las decisiones que más se piensan, son las que peor salen. Las corazonadas, las intuiciones y los sentimientos, son la receta para llegar a donde quiero llegar, con gracia y en armonía para todos los demás.

Ahora bien, es deber del psicólogo (más que deber, yo diría que placer), el ayudar a los demás a descubrir esa verdad. A que aprendan que solo pueden ser completamente felices, al encontrarse con si mismos. Para ello, contamos con herramientas, como la hermenéutica y la fenomenología, y actitudes básicas: la empatía, la aceptación positiva incondicional y la congruencia.

La congruencia es, evidentemente, que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones estén dirigidos hacia el mismo punto, haciendo uso de la libertad, tema que ya ha sido mencionado. Como decimos en mi equipo:”Yo quiero, yo puedo, yo voy”. Esto es, mi sentimiento está encaminado, se que puedo lograrlo y nada me lo impide, así que actuó en consonancia con ello.

Ahora, el problema con la empatía y la aceptación positiva incondicional, es que muchos psicólogos, se ponen en lugar elevado… Pensándolo bien, muchos profesores, muchos padres, muchas personas se revisten de “autoridad”, para subyugar y sentir que tienen poder sobre sus “vasallos”.

“¿Cuánto vale una corona… si un cuervo puede cenar carne de rey?”

Pero yo pienso que todos somos iguales. Así como todos pensamos, sufrimos, lloramos, nos levantamos, morimos, peleamos y luchamos día a día; así que, en esencia, un psicólogo no sería un “iluminado” que muestra al otro la verdad. Solo uno mismo sabe por lo que ha pasado, y ningún psicólogo tiene el poder ni la sabiduría para predecir que desea o que es mejor para un desconocido.

“No podemos saber, solo podemos sospechar”. Así, un psicólogo es el guía, el que acompaña al otro, que, al llegar desintegrado y sin congruencia, tiene las ideas en desorden. El psicólogo no es el sabio que dice al paciente que hacer, sino el escucha que ayuda al otro a comprenderse a si mismo, para que luego el mismo decida que hacer con su vida, ya que, al fin y al cabo, es su vida.

Pero, para que una persona, inicialmente, se abra al psicólogo y hable de, lo que sea que crea conveniente, hay que ser, además de congruentes, empáticos y aceptantes. Yo considero que la empatía es pensar en los problemas del otro, como si fueran míos. Como si fueran, pero no apropiarlos. Hago uso de mis vivencias para poder “deducir” o “interpretar” lo que el otro siente, ayudándome así a ponerme en sus zapatos.

Ahora, aceptar al otro, va de la mano con no ponerme en un nivel superior. Acepto que yo no poseo la verdad absoluta, ni la autoridad de discernir 100% lo incorrecto de lo correcto. Siendo así, no puedo juzgar ni decirle al otro que debe hacer, o que lo que piensa está mal.

Debemos guiar al otro para que el mismo decida si está bien o mal, resolviendo las dudas que su actuar provoca en si mismo, pero sin ponernos en papel de inquisidores, o por el otro extremo, sin echarle porras y decirle que está bien a todo lo que haga.

 Ahora, así es como se logra que el paciente se abra y empiece a hablar, pero, ¿Cómo logramos ayudarlo a integrarse y encontrarse a si mismo?

“Uno tiene que aprender a fijarse en todo, a descubrir las verdades que la gente oculta tras los ojos.”

La manera de ayudar a los otros a encontrarse, es mostrándoles las cosas que hacen, pero que no se dan cuenta de ello. Para eso usamos dos herramientas muy efectivas: La fenomenología y la hermenéutica.

La primera consiste de describir, de manera detallada, movimientos, gestos, tonalidades y demás factores no verbales, pero que dan forma a la conversación, y que incluso la persona, suele no darse cuenta de ello. Innumerables han sido las veces que me he descubierto apretando la quijada, o hablando con mayor rapidez, o sudando cuando hablo de un tema que me resulta incómodo.

Al notar esto, el paciente puede notar emociones en su cuerpo, malestares, presiones y demás, para posteriormente ponerles un nombre (puede ser miedo, alegría, tristeza, enojo o afecto), y poderlas expresar, en estados más avanzados, como sentimientos; solo hasta que uno se descubre puede hacerlo, ya que la falta de integración suele ocurrir cuando dos o varias emociones entran en conflicto, producto de introyectos o factores similares.

Ahora, colocar las acciones de la persona, no lo es todo. Debemos saber interpretar, usando la hermenéutica, para ayudar más a fondo al individuo a contactarse. Interpretar hermenéuticamente, es, decir lo que yo percibo sobre el otro. Puede estar incorrecto, pero da la pauta al otro para que reflexione sobre que realmente siente en su interior.

El proceso es difícil, ya que “es muy duro tener que enfrentarse a si mismo en el espejo”, y siendo así, pueden surgir momentos de dolor, tristeza y pesar, a los cuales, el psicólogo debe enfrentar acompañando al otro, sin consejos, juicios, sin apapachar ni nada, solo acompañando al individuo y estando allí cuando lo necesite.

Si seguimos las pautas anteriores, el actuar psicológico será prometedor y las personas a las que ayudemos podrán salir con las herramientas necesarias para enfrentarse a la vida, de manera íntegra y completa.

“Mi mejor arma está en el cerebro. Mi hermano tiene su espada, el rey tiene su maza, y yo tengo mi mente… Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra para conservar el filo. Por eso leo.”

Para terminar, he de decir que he reflexionado mucho el presente semestre. Muros han caído, muros están por caer, y yo me quedo con lo que hemos aprendido, muy agradecido por la oportunidad de cambiar las cosas que aprendí a callar, a ignorar o a barrer debajo de la alfombra.

A partir de muchos golpes, vivencias, aprendizajes, lecturas, y experiencias, he aprendido a ser lo que soy, decidiendo que cosas tomar y que no de los demás… A pesar de aun tener ciertos introyectos (como la pena de hablar en público), cada vez son más débiles, cada vez mi voluntad se impone un poco más, así que creo que voy por el buen camino.

Además, muchos introyectos ya han caído completamente y eso me da gusto, ya que noto que llevo la vida de manera más ligera (sin que eso signifique que no me importa, solo que no me tomo las cosas tan “a pecho”), y que puedo expresarme y dejarme sentir de manera más armoniosa, lo cual mejora mis cualidades de amigo, estudiante, jugador de americano y otros aspectos.

Mi plan es abordar esta forma de hacer psicología para ayudar a otros a superar sus problemas y conflictos, del mismo modo que yo he sido ayudado. Espero tener éxito en esa empresa que, a mi parecer, es muy ambiciosa y prometedora, al menos a nivel de “ser feliz”.

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Este es un ensayo que escribí hace tiempo para la unviersidad, pero que creo que tiene muchovalor, pues en él expresé precisamente, mi forma de pensar.

Superando el Luto

En estos tiempos de luto para mis parientes, después de dos años que para mi mismo han sido de un extremo luto por haber perdido de manera irremediable a la que yo podía considerar (si no es que aun considero) “el amor de mi vida” y después de haber apoyado a muchos conocidos, parientes y amigos míos con diversas pérdidas y dolores emocionales, creo que he llegado a una conclusión sobre como es posible ayudar a alguien.
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Sonará de a libro de auto-ayuda o a psicología humanista (porque si, he leído toneladas de libros de auto-ayuda y me identifico con el humanismo), pero pienso que las personas tienden a estar bien, a menos que algo pase y nos instale la idea de que esa no es una posibilidad (lo que se concoe como “estar fragmentado”). Ya sea la muerte de un ser querido, un complejo o un evento desafortunado de cualquier clase, puede “meternos” introyectos y demás formas de pensar no ideales para poder desenvolvernos bien (lo que en psicología cognitivo-conductual se conoce como “ideas irracionales”).
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El problema para mi, es que todos intentamos dar un uso irracional a la razón; me explico, la razón sirve para resolver problemas racionales, no emocionales. Es como decirle a un alcohólico que beber le hace daño porque jode su hígado y eventualmente se morirá. El adicto dirá que es verdad (pues todos se lo han dicho mil veces en el pasado y sabe que es verdad), que pronto aprenderá y cambiará… el cambio dura tres días y después descorcha la primer botella que encuentra.
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Asimismo, creo que las personas podemos ser adictas a los sentimientos, por más que ello sea auto-destructivo. Por ejemplo, en mi experiencia, me pasé casi tres años repitiendome el sufrimiento y el dolor por no tener a esa persona especial a mi lado, rodeado de todas las típicas “idioteces adolescentes” que se piensan al perder el amor: “nunca volveré a amar”, “nunca seré feliz”, “fue mi culpa y soy un imbecil por haberla perdido”, cosas así.
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El punto es que yo había escuchado (e incluso aconsejado con) las típicas frases: “hay muchos peces en el mar”, “debes ser fuerte”, “échale ganas”, “¡no mames, ni que estuviera tan buena!”, y demás frases “racionales” que en teoría deberían bastar para aplacar el dolor. No bastan. Lo emocional se trata con técnicas emocionales, y lo racional con técnicas racionales (por ejemplo, yo no tacho de inefectiva ninguna doctrina psicológica, pero creo que cada una tiene un crédito y un “campo de acción”).
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Es triste, pero yo creo que estamos solos en ese mundo de dolor en el que nos sumergimos. Claro, es bueno sentirse apoyado y saber que puedes ser escuchado por tus hombres o mujeres de confianza, pero a fin de cuentas, ningún consejo, apoyo ni terapia serán tan fuertes como tu voluntad de seguir o no con el dolor. Yo creo que las crisis construyen, y cada barrera es un aprendizaje.Sin embargo, yo si tengo este pensamiento “darwinista” de selección natural, y creo que no todos son aptos para superar. Yo creo que en cada crisis, te hundes o resurges más fuerte, y si eres indigno de superarte, el mundo te mantendrá gimiendo de pesar por el resto de tus días, hasta que te decidas a luchar contra tus demonios y vencerlos para una mayor felicidad, o al menos, equilibrio.
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Por ello, yo creo que como amigo, psicólogo o simplemente como persona a la que una persona triste acude, no debes aconsejar, regañar ni “apapachar”, sino simplemente escuchar y escuchar. Obvio, dar tu opinión (por más contradictoria a lo que sienta o quiera sentir tu amigo), pero sin querer imponerla ni tratar al otro como un tonto que no sabe. La persona que más sabe sobre los problemas de un hombre, es el hombre que tiene los problemas. Sin embargo, la magia de acompañar a alguien es tan grande, que con solo eso, una persona puede aprender por si misma (el famoso “insight”) lo que debe o no hacer.Ya de ahí, si decide enfrentar a sus dragones internos y conquistar el reino de su propia libertad, es material para otra historia.
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Lo importante, como “complemento” de tu propia búsqueda de una luz en tiempos de oscuridad, es no descuidar tu salud integral ni a los tuyos (hay veces que apoyando a tus amigos, encuentras esa esperanza que tanto tiempo te eludió). Si quieres meditar, medita. Si quieres ver películas tontas que te hagan reír, velas. Haz lo que te llene un poco más, y evita lo que ponga “limón en la herida”, pues aunque es muy fácil recordarse a uno mismo sus defectos, es mejor sentir el dolor, saborear el dolor y dejar ir el dolor…
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Puede que llores mil años y otros mil te quieras quedar “echo bolita” en tu cuarto sin salir. Mientras no arruines la vida de otros directamente, hazlo (por ejemplo: si no tienes a nadie que dependa directamente de ti, y no te expongas a ningún riesgo quedando en estado de “hibernación”). Pero ten en mente que por más choteado que suene, mañana será otro día. Pero no hay una señal divina, ni un héroe que te rescate. ¡Tu eres tu propio salvador!
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Y si quieres superarte, haces lo necesario y te superas. Te puedes apoyar de los tuyos (nada más hermoso que poder llorar tus penas en compañía de alguien que te entienda, o al menos te apoye), pero a fin de cuentas, en el campo de batalla llamado “mundo real”, eres tu contra tus miedos, y cuando pierdas el miedo, ganarás la libertad. Y por más que pienses que se te sale el corazón por cualquier cosa triste que te haya pasado, sobrevivirás. Te lo prometo, sobrevivirás.