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El último temblor (Cuento) | Por Agustín E. Bataz

Mi sobrevivencia era más bien, poco probable, considerando la situación ocurrente. Jamás había sido muy sensible en lo que a temblores se refiere, y si a eso le añadimos que tengo el sueño extraordinariamente pesado, podríamos haber dado por sentado que yo no estuviese contando esta historia… Pero aquí estoy. Pensándolo bien, tampoco es tan difícil de creer, y es que no despertarse ante un sismo de 11.1 grados en la escala de Richter, es demasiado pedir para cualquiera, por más perezoso y despistado que éste sea.

“El último temblor”, como le llamamos los pocos que quedamos desde entonces, fue tan intenso, que incluso las rocas se despertaron de su sueño. Y no, no es una metáfora; al salir al jardín, pude ver a cada piedra y guijarro de tierra danzando, como si las rocas se alegraran de lo que estaba pasando. Era mi primer día en mi nueva casa, y debo decir que ver como se derrumbaba en el instante que yo salía de ella, fue algo muy frustante (y es que los seres humanos a veces somos tan frívolos que en vez de agradecer que sobrevivimos, maldecimos haber perdido algún bien).

De cualquier modo, una vez fuera de casa, corrí tan rápido como pude hacia la avenida principal, único sitio que se me ocurrió, libre de árboles o postes que se pudieran derrumbar con mucha facilidad. Mientras lo hacía, llamé, sin éxito, a casa de mis padres; la telefonía del país no se distinguió nunca por ser muy buena, y bastaba un poco (o un mucho, en este caso) de pánico colectivo para que todas las señales cayeran. “Tranquilo, la casa está casi excavada sobre el monte; el temblor no pudo hacerles mucho.”, pensaba para mis adentros, como consuelo ante la incertidumbre.

 Así, con confusión, sobresalto, y sin zapatos adecuados, corrí hacia el “Monumento a la pérdida de tiempo”, como le llamaba a una torre de metal puesta por el gobierno, para memorar no se qué fecha especial, en vez de usar el dinero para algo útil. Sobre ese monumento, estaba una brillante luz, que hacía varios días, bajó del cielo. Fue un evento muy extraño: una noche, de repente, mucha gente, llena de estupor, pudo observar como una esfera lumínica bajaba de las alturas, para posarse sobre el ya mencionado monumento. Algunos fanáticos de los extraterrestres, como yo, pensábamos que habría un mensaje, un encuentro cercano, algo. Pero no, solamente esa luz.

En las noticias por televisión y radio, nadie habló del tema, pero las redes sociales y demás sitios de internet se inundaron con fotos y vídeos de esferas semejantes flotando sobre diversas ciudades y pueblos a todo lo ancho del Globo. Once días habían pasado desde que la esfera bajó y se posó sobre el monumento a la pérdida de tiempo, y también once temblores, uno cada mañana, y cada uno de intensidad superior. No se que habrá ocurrido en otros lugares, pero al menos aquí, la policía acordonó el área del Monumento, e intentó, sin éxito, comunicarse por medio de altavoces, luces, banderas, música, e incluso de disparos de diversas armas.

 Después del tercer día, y con todo y la curiosidad y/o miedo de la comunidad, la vida siguió su curso, la gente salió al trabajo, los bares, las escuelas, y yo incluso pude mudarme a mi nueva y recién destruida casa. Mientras yo corría hacia la avenida, pude escuchar a gente gritando y corriendo a todas direcciones, llenas de miedo. Yo entré a una tienda grande, para comprar algunas cosas esenciales: agua, comida, una lámpara, una navaja y una botella de vodka (ya saben, sólo lo indispensable).

Las cosas de la tienda se habían caído con el temblor, y también se había ido la electricidad, pero fuera de eso, todo estaba bien. El encargado apenas estaba saliendo de abajo de una mesa junto al mostrador, cuando me vio acercarme. –Ni te molestes en pagar, eres la quinta persona que viene, y honestamente, yo también me llevaré algunas cosas. –, me dijo, lleno de palidez en el rostro. –En realidad me sorprendiste, no planeaba pagar… ¡Pero gracias!–, dije, mientras tomaba una mochila colgada junto a él, en la que pude colocar todo lo que había adquirido. Estábamos conversando, cuando un estruendo nos hizo saltar a ambos; nos asomamos afuera, y vimos un automóvil aplastado por una piedra llena de fuego, que aparentemente, había caído del cielo.

Salimos, sobresaltados, y el espectáculo que nos esperaba afuera fue aún peor: personas y autos moviéndose en todas direcciones, huyendo de una lluvia de fuego que se extendía hasta el horizonte y tal vez más. Todo era justo como en mis sueños. Desde hacía aproximadamente un año, había soñado repetidas ocasiones con escenarios “apocalípticos”: huracanes, tornados, surgimiento de volcanes, temblores y guerras aparecían en mi mente al menos una vez cada semana… Y lo único que tenían en común estos sueños, era una esfera de luz, brillando en lo alto, contemplando la destrucción.

Extrañamente, en mis sueños, me sentía tranquilo, como si supiera que yo era ajeno a todo el caos; en algunos sueños, aún más extraños, una voz  me preguntaba: – ¿Quieres venir?–, y aunque yo no sabía a que se refería, yo respondía que si… Acto seguido, la “perspectiva” de mi sueño cambiaba, y yo ahora veía todo desde arriba… desde la esfera de luz. He de decir que no había pensado en nada de esto hasta ese momento en la tienda, y es que tan solo pensar que mis sueños aterradores se volvieran en realidad era inaguantable. Pero ahora, estaba ocurriendo.

– ¡Muévete!–, me gritó el joven de la tienda, mientras me jalaba al interior, sacándome de mis pensamientos, –Aquí estaremos seguros. – Yo caminé hacia la mesa donde se había escondido durante el terremoto, para servirnos a ambos un pequeño vaso de vodka. Él entró y lo aceptó y bebimos el trago, mientras yo caminaba hacia la salida de la tienda, al tiempo que le decía: – ¿Realmente crees que el techo aguantará una lluvia de piedras del tamaño de autos en llamas? ¡Lástima que aquí no hay sótanos!–, él me miró malhumorado y replicó: – ¡Claro! Es mejor estar aquí que salir y que nos caiga una….

 Como si la hubiera invocado, una roca atravesó el techo y cayó encima del pobre hombre, dejándome boquiabierto. Después de quedarme en shock por algunos minutos, me limpié la sangre de la cara con una botella de agua, y me quité la chamarra, que desafortunadamente era blanca, y la tiré al suelo. Posteriormente, salí a la calle, y al mirar hacia arriba, noté que el cielo, además de rocas encendidas cayendo, estaba repleto de pequeñas (más bien, lejanas) esferas plateadas.

Estaba mirándolas, cuando una réplica del temblor me sacudió y casi me hace caer. Tal vez a nivel inconsciente pensé que así fuera a salvarme, pero decidí seguir corriendo hacia la avenida principal. Una vez ahí, volteé a ver la casa de mi familia; como ya mencioné, está casi cavada en el cerro, por lo que podía verse a la distancia. Al mirar, noté que algunas casas cercanas habían colapsado, pero la que yo buscaba, estaba en pie.

“Tal vez estén bien”, pensé, cuando una nueva réplica sacudió todo a mi alrededor. Tuve que saltar, ya que un árbol había sido arrancado de sus raíces y estaba cayendo sobre mí. El único pensamiento que cruzó por mi mente mientras rodaba hacia atrás fue: “Tal vez la idea de que la avenida principal era más segura, no era muy buena”. Me reincorporé y me recargué en un automóvil chocado para recuperar el aliento, cuando una nueva oleada de rocas cayendo me hizo entrar en alerta.

Afortunadamente, ninguna cayó cerca de mí, pero mi corazón se encogió y casi me sale por la garganta cuando vi, a lo lejos, una roca atravesando el techo de casa de mi familia; luego a otra cayendo justo a un lado… Y para peor de males, una nueva réplica bastó para que la casa colapsara por completo, en un derrumbe del cerro. Apenas estaba digiriendo esas imágenes, cuando un choque me derribó y me hizo doler la cabeza.

– ¡No estorbes, idiota! –, me gritó una señora que también había caído al suelo, – ¿Qué no ves lo que está pasando? –, se levantó y siguió corriendo, quien sabe hacia dónde, como si hubiera algún sitio al que ir. Instintivamente, seguí corriendo. Corrí sin parar, y sin importarme las réplicas (¿o nuevos temblores más fuertes?) ni la lluvia de fuego, hasta llegar y pasar el Monumento a la Pérdida de tiempo, al cual los policías habían dejado ya hacía varios minutos.

Pensé que al pasar debajo de la esfera de luz, pasaría algo… Pero no. Pasé justo debajo de ella, y seguí de largo, y nada. Estaba volteándola a ver sobre mi hombro, cuando tropecé con una valla pequeña que marcaba el límite del monumento. Caí de bruces, y rodé para quedar boca arriba, solo para ver dos árboles desplomándose sobre mi. Afortunadamente, la parte más gruesa de los troncos cayó lejos, pero la multitud de ramas que aterrizaron en mi cuerpo me lastimaron brazos, rostro y torso, además de que me impedían levantarme.

– ¡No puede ser!–, grité, al tiempo que cerraba los ojos. – ¿Para qué soñé todo esto, si no puedo hacer nada?– Cuando los abrí, pude ver que las ramas ya no me cubrían. Intenté levantarme, pero noté que ya no estaba en el suelo, sino flotando. Miré hacia abajo, y noté mi cuerpo, enterrado en capas y capas de follaje. Comencé  a elevarme, intentando llegar a la esfera, tal y como en mis sueños.

Estaba cerca, cuando sentí que algo me atravesaba; una roca encendida cayó a través de mí, y aplastó mi cuerpo. – ¡Mierda! ¡A tiempo!–, grité. Sin embargo, empecé a sentir dolor en lo más profundo de mí; no puedo decir que de mi cuerpo, pues no tenía ya uno, pero me dolía más que cualquier cosa que hubiera experimentado. Sentí como poco a poco mis energías se debilitaban, como si me fuera a desvanecer…

No sabía si era la esfera, o “la luz al final del túnel” de la que se habla en las experiencias de muerte, pero la luz frente y sobre mi se intensificó muchísimo, y me sentí atraído por ella. Así, abracé esa luz y me permití desvanecerme. Al volver a cobrar conciencia, tiempo después, podía ver todo desde lo alto, como en los sueños que tuve. A mi alrededor, en todas direcciones, había muchas más esferas de luz blanca o plateada, flotando. Sin embargo, no era como en mis sueños, donde yo me encontraba dentro de una esfera.

Ahora, yo era esa luz, flotando como una nube y brillando como un diamante en el cielo.

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La fábula del Noble Inglés | Por Agustín E. Bataz

Cierto día, un Señor Feudal inglés estaba regocijándose de los manjares que se sirvieron en su castillo. Eran tiempos de batallas constantes, pues los franceses siempre estaban levantándose aquí y allá; sin embargo, esto poco importaba a nuestro noble, pues él pensaba que su feudo era inexpugnable, que sus muros, tan poderosos como los de la antigua Troya, y que él era tan sabio, justo y magnánimo como el mismísimo Rey Príamo.

Estofado de ternera, panecillos con miel, vino añejado traído de Italia y música de laúd daban forma a la pequeña reunión, (y con “pequeña, quiero decir que apenas se encontraban ahí 50 de las personas más allegadas al Señor del castillo). El bardo principal había terminado recién de entonar un soneto de amor no correspondido, cuando llegó un joven, también de alta cuna, y con un garbo exquisito. – ¡Ah! ¡Pero si eres tú! – Espetó el noble, mientras hacía señas a una criada de que sirviera algo al recién llegado, – ¿Dónde estaba mi mejor amigo mientras yo daba este minúsculo festín?

– Revisando las defensas, milord, alguien tiene que hacerlo. Debo decirle algo con sume urgencia, podría acompañarme para…. – ¡Tonterías! –, interrumpió el noble a su amigo, al mismo tiempo que la criada le extendía una copa – ¡Nada es tan urgente como para anteceder a una buena copa de vino! – Él señor feudal estaba apunto de volver al barullo, cuando el recién llegado volvió a levantar la voz: – ¡Pero, mi Señor, se lo ruego! Es requerido actuar con presteza –. Refunfuñando y de muy mala gana, el noble salió al jardín con su amigo, quien al fin pudo explicarle lo ocurrido.

El joven explicó a su señor y amigo que, según informantes en la costa, el ejército francés ya había tomado tres fortalezas en esa zona, y que en pocas semanas estarían afuera de las murallas del feudo, con intención de también tomarlo. El noble, ante la impotencia del informante, terminó de un trago su copa y la arrojó hacia adentro del recinto. – ¿Y eso es todo? ¡Que vengan! ¡Aquí estamos seguros, este castillo es imposible de tomar, y menos por un grupo de cerdos franceses! Ahora, por favor deja de preocuparte por pequeñeces, y si es todo lo que querías decirme, entra a la reunión y diviértete un rato.

–  Pero eso no es todo…. He revisado también los muros, y el oeste no está del todo reparado. Si un ejército medianamente grande viene, le será sencillo entrar por ahí, y una vez dentro, se desatará el caos. – ¡Imposible! Yo mismo di la orden de que se reparara, después de aquel fortísimo temblor. –, bufó el príncipe. Su joven amigo perdió los cabales, y le reclamó: – Pues, bueno, pudo haberlo supervisado en lugar de dar banquetes cada tercer día. – Tres segundos le tomó al muchacho darse cuenta del error que cometió.

El Señor del castillo desenvainó su espada, al tiempo que, exasperado, gritaba, – ¡¿Acaso cuestionas mi autoridad?! ¡No te permitiré ni a ti ni a nadie que me hable así!  –, el joven dio dos pasos hacia atrás, pero su “amigo”, el noble, le dio una estocada mortal y lo dejó ahí. Posteriormente, dio por terminada la reunión, y se dispuso a ver a sus consejeros, a quienes se dirigió: – ¿Es cierto que vienen los franceses? – Mi señor, es cierto, intentamos decírselo antes. –, respondió aterrado el más anciano de ellos, –Pensamos que debería pedir refuerzos a otros señores, ya que es dudoso que nuestras fuerzas por si mismas puedan contra el ejército francés.

El noble, más calmado, envió mensajeros a los castillos aledaños, quienes pronto enviaron hombres que ayudarían a defender su feudo. Posteriormente, recordando la segunda advertencia de su recién difunto amigo, el señor se dirigió al muro, y notó que efectivamente, estaba incompleto. Al darse cuenta de ello, puso él mismo a trabajar a los hombres hasta que la obra estuviera completa. Pasó una semana más, cuando se escucharon los cuernos y tambores de batalla de los franceses.

La batalla fue cruenta, pero con un ejército fortalecido y una muralla completa y sólida, los franceses emprendieron la retirada tras algunas horas. Victoriosos, los ingleses se reunieron en el castillo para celebrar. Cerca de la medianoche, el más anciano de los consejeros, quien, por cierto, había visto la pelea entre el Señor Feudal y su joven amigo, se dirigió ante el noble. – Lo felicito por una victoria sencilla, mi Lord. – El noble, ya un poco desinhibido por tanto vino, rió y comenzó a entonar un cántico de guerra, que fue coreado por los soldados que estaban alrededor.

Al terminar, agradeció a su consejero y maestro por la felicitación. – Disculpe, Señor. Quisiera saber algo. Perdone mi imprudencia, pero no pude evitar ver y escuchar el enfrentamiento con el joven Ser Westmarsh, la otra noche. ¿No se arrepiente de haber matado a su mejor amigo? Gracias a él se puso en acción, y sólo por eso es que estamos vivos y festejando el día de hoy.  – Por un momento, el noble pareció ponerse serio, e incluso bajó su tarro a la mesa más cercana. Después se limpió la barbilla con su manga, y, muy sereno, respondió: – Tal vez le debamos la victoria de hoy, pero él vino a angustiarme en primer lugar, ¡y no solo eso!, sino a cuestionarme. Además, nunca me han gustado las malas noticias… menos durante un banquete.

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¿A cuántos “nobles ingleses” conocemos?  Personas instaladas en la comodidad y la apariencia, ignorantes de sus propios fallos. Personas que, en su aparente madurez, creen saberlo todo, pero no saben nada sobre las cuestiones realmente importantes, como, en este caso, su propio feudo (y con “feudo” puedo referirme al estado emocional, los hijos, el trabajo, o cualquier cosa realmente importante).

¿A cuántos “nobles ingleses” conocemos, quienes, aparentando sabiduría, son tan inmaduros que confunden al mensajero con el mensaje… y dan estocadas incluso a sus mejores amigos ante la crítica, la incomodidad o la mención siquiera de que algo no va bien?

Sobre esto, yo me pregunto…. ¿Qué se sentirá no saber quien eres? Supongo que nada, en vista de que la gente que se desconoce, muchas veces ni siquiera se da cuenta (o ni siquiera se quiere dar cuenta) de eso. Por eso, como dice una de las máximas de Jesús: “No mires la paja en el ojo ajeno, si no miras la viga en el propio.”

Lo primero es conocerse a uno mismo, y estar consciente de que no somos perfectos, ninguno de nosotros. Solo así, dejaremos de ser como este noble inglés, dando banquetes en tiempo de guerra. Solo así, apreciaremos la verdadera amistad, pues al fin y al cabo…. Las personas que te quieren, te hacen crecer y no te hunden en el fango de la comodidad y la mediocridad.

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El caminante cósmico (cuento) | Por Agustín E. Bataz

Este es el inicio de una posible novela de ciencia ficción inspirada en algunos hechos reales, algunas cosas que he leído, y en su mayoría, de mi imaginación. Todo inicia en el año 2008. Yo apenas tenía 15 años, y una enorme y casi enfermiza curiosidad por lo paranormal. Extraterrestres, magia, ciencias “ocultas” y demás temas eran mis lecturas diarias y sagradas. Cierto día, yo estaba realizando mis tareas de la preparatoria, cuando llega a mi una solicitud de contacto de un correo extraño: “Axl quiere comunicarse contigo”. El nombre me pareció peculiar, y siendo tan curioso como suelo ser, lo acepté.

“Hola, ¿te conozco?”, le escribí en cuanto acepté la solicitud. “Bueno… ¿qué quieres saber?”, fue su respuesta. Dudé por unos momentos, pero volví a hacer la misma pregunta. “Dejaste tu correo en un foro de La Federación Galáctica de la Luz, ¿recuerdas?”. Él tenía razón: entre tantas búsquedas de temas paranormales, fui a dar a un post (algo exagerado en mi opinión), sobre cierta institución planetaria (no se me ocurre de que otra forma decirle), llamada “Federación Galáctica de la Luz”.

Ellos, serían una especie de Consejo de razas planetarias que buscan la unidad y el equilibrio entre mundos y con la vida en general. Sin embargo, yo tenía tantas dudas que no sabía ni como empezar a preguntar. ¿Quienes son? ¿Que quieren? ¿Por que no intervienen con todo y la guerra? ¿Interactúan con los humanos? Y mil cosas más, pero por ahora, solo tenía una pregunta resonando más allá que cualquier otra: ¿Quién es Axl?

Y le pregunté eso. “¿Quién eres?, ¿Cómo es que sabes “cosas”?” Y el me dijo, de manera muy críptica: “Se más de lo que crees… digamos que soy parte de lo que deseas saber.” Eso podía significar tres cosas: Primero, que Axl era un mentiroso imaginativo (lo que cualquier persona normal pensaría, pero yo no); Segundo, que ese hombre había interactuado con alienígenas; o Tercero… que el era “parte de lo que deseaba saber”, era uno de ellos. Le hice saber mi duda, y él me respondió con un link a una página de internet. “Lee esto, amigo. Así entenderás un poco más sobre mi naturaleza.”

Entro al sitio, y puedo leer un título:”Solo uno contigo”. Una historia, ¿un cuento? Comienzo a leer: “Todo era oscuro. Un círculo de luz se forma a mí alrededor aunque mi forma física no estaba definida. Una voz, una voz firme pero tranquila empieza a hablar: “AXL… AXL… AXL…”. Me pregunto a quién están llamando. La voz repite: “AXL… AXL… AXL; tu verdadero nombre es AXL”.”

Sigo leyendo… Mi abuelita, al leer cuentos sobre demonios y diferentes temas oscuros, suele sentirse apesadumbrada y mal, debido a que, en su opinión “si encuentras la lectura adecuada, tu alma resonará con ella; si encuentras algo dañino, te sentirás pésimo”. En esta ocasión, sentía escalofríos al leer la historia de Axl. Diversas publicaciones con nombres variados: “Solo uno contigo”, “Cielo rojo anaranjado”, “El contacto final”, “Ser humano otra vez”, y “Caminante cósmico”.

Leo todas esas publicaciones en espacio de quince minutos, y vuelvo a mi conversación con este hombre (¿persona?). Me dice que se tiene que ir, pero que le da gusto nuestra conversación, porque ha tenido efecto en mí. “Siento que aun no estás listo, pero pronto lo estarás.”

Listo, ¿para qué? He visto más cosas de lo que casi nadie ve en todas sus vidas; he aprendido de diferentes maestros y de diferentes maneras, pero han pasado ya seis años desde esa ocasión, y al parecer sigo sin estar “listo” para lo que sea que ese Caminante Cósmico me dijo. Sin embargo, sigo esperando la misión, sin dejar de mirar hacia arriba.

Tal vez, sin saberlo, con mis actos… Estoy cumpliendo con aquello que me será encomendado.

seres de luz

Assotz y el Dragón de Drierde (cuento) | Por Agustín E. Bataz

Un mes había pasado, desde que, hacia las afueras del pueblo, en lo que antes era la pradera más bella de todo el reino, un Dragón enorme, hecho de diamante y hielo, se asentó. A su llegada, se transformó el panorama en una pequeña tundra, aislada entre tantos bosques y lagos, propios de la geografía del pueblo. Muchas cosas se decían sobre esta fiera creatura, de tan misterioso origen y proceder. Una historia decía que el Dragón vino del norte, y solo era el primero de muchos, destinados a, eventualmente, destruir el reino y a todos sus habitantes. Otros, relataban que un viajero de tierras distantes trajo un zafiro mágico que, al ser alumbrado por la Luna Llena, dio origen a este ser.

Finalmente, en la taberna de la aldea, había un anciano que a diario contaba que una mujer, la más hermosa del reino, fue cruelmente herida por el hombre que amaba; esta mujer pidió a una bruja que le diera la fuerza para no volver a ser herida, y la hechicera, la volvió en este aterrador reptil, que tanta destrucción había causado ya. “Así son las mujeres, ¿no?”, siempre terminaba el anciano, causando las risas y los choques de tarro de los hombres que escuchaban como contaba su historia, con tanto empeño.

La historia real, nadie la sabe. Solo dos hombres se habían logrado acercar al Dragón lo suficiente como para hacerle una herida, pero las consecuencias habían sido fatales. El primero, después de una batalla prolongada, en la que usó poderosos encantamientos, huyó, tomó el primer camino hacia el norte, y no regresó. El segundo logró clavar su lanza en el cuello de la bestia, pero ésta lo congeló, con su aliento de fuego azul, que antes que chamuscar, congelaba, convirtiéndote en una estatua de hielo. Finalmente, de un coletazo destruyó la estatua del caballero, dándole un trágico final.

Y es que este Dragón era diferente a los demás. Algunos dragones, brutales exhaladores de fuego, humo y vapor, solo pueden ser vencidos por medio de hechizos, ya que incluso la espada más afilada forjada por el hombre se derretiría al contacto con sus escamas ardientes. Otros dragones, incapaces de lanzar sustancia o fuego con su respiración, son vulnerables al acero, y solo una espada cortando su cuello, o atravesando su corazón puede darles muerte. Pero este aterrador reptil no cayó ni ante los poderosos hechizos de Maox, Mago del Norte, como se le conoció desde su huída; ni por la espada ágil y certera de Dieon, un noble guerrero que se ofreció a combatirlo.

Otra diferencia de esta creatura con las demás, eran sus formas de atacar y defender. Como ya dije, su aliento no era fuego rojo, ni humo, ni siquiera vapor de agua. Esta creatura, exhalaba algo parecido a un fuego azul, el cual congelaba todo lo que tocaba; usándolo fue como transformó la pradera en páramo congelado. Además, sus escamas parecían ser de diamante, hielo o cristal; reflejaban la luz y eran la coraza perfecta para la bestia, impidiendo que cualquier clase de calor o arma entrara bajo su piel. Finalmente, sus ojos, llenos de rabia y del color de Esmeraldas, causaban terror a quien los mirara por más de algunos segundos.

Todos en el pueblo se preguntaban que pasaría, cuando el rey enviaría a sus ejércitos para combatir a tan atroz creatura. Uno de ellos, era Assotz, un joven campesino que trabajaba los campos aledaños a su aldea. Él había escuchado ya cien veces la historia del anciano en la taberna, y para él, era algo totalmente creíble. “Solo una persona tan herida y aterrada sería capaz de causar semejante destrucción.”, pensaba para si mismo, mientras plantaba el trigo que alimentaba a sus invitadas, tres hermanas que un día, hacía cuatro meses ya, llegaron diciendo que no tenían refugio ni alimento.

Assotz no daba sin pedir a cambio, por lo que una de ellas limpiaba su cabaña y la llenaba de flores fragantes; otra se encargaba de manejar el dinero que ganaba vendiendo sus cereales y demás bienes con que comerciaba; y la última usaba el trigo y los vegetales que cultivaba, así como la carne que podían comprar, para hacer cenas sencillas, pero exquisitas, dando gusto a todos. El campesino también solía pasar su tiempo con sus propias dos hermanas, quienes vivían a un costado de su casa. A ellas les cantaba canciones usando la lira, y les contaba historias de la antigüedad, así como otras que a veces él mismo se inventaba.

Un día, su pequeño perro se despertó, asustado, a media noche, y salió corriendo hacia el lago en que a veces paseaba con él. Parecía que estaba huyendo de algo… o que estaba buscando algo. Assotz lo siguió, a oscuras y escuchando sus débiles ladridos, hasta que llegó a un claro, donde un poderoso brillo lo dejó ciego por unos segundos. Cuando se los talló, sintió que su cachorro estaba de pie, detrás de él; sin embargo, en frente tenía a una majestuosa creatura: era parecida a un león, de color dorado con melena roja, el cual tenía en su lomo, plumas de águila, de color marrón y negro, terminando en dos alas largas, con las que agitaba la hojarasca y hacía estremecer los nidos en los árboles.

Este animal no tenía patas de león, sino de águila, cubiertas del mismo modo de plumas y pelaje, terminando en tres afiladas garras del color de la obsidiana, y de brillo semejante. Sus ojos, de color ámbar e inyectados de sangre, emanaban calma, pero valor en Assotz, y sus largos colmillos dibujaban algo parecido a una sonrisa en esta creatura. La cola de este animal, una variación de “Grifo”, según el campesino había escuchado en las historias populares, se dividía en dos: una estaba cubierta de plumas y la otra de pelaje. El aura, anaranjada como el atardecer, fue el brillo que cegó a Assotz segundos atrás.

Assotz le dio a su mascota una orden para volver a la casa, y el animalito salió corriendo, como perseguido por un demonio, hacia el pueblo. Sin embargo, la mirada del Grifo había atrapado al joven aldeano, quien, instintivamente, apretaba con fuerzas una vara de árbol que había recogido; como si eso fuera a bastar para defenderse de semejante y tan formidable creatura. El Grifo miró a Assotz por algunos momentos, y se levantó en dos patas, emitiendo un rugido que lo congeló  por unos instantes. El animal se acercó a él, y cuando por fin estaba a distancia de sus brazos, tocó la melena del Grifo; finalmente, perdió el conocimiento, cayendo de bruces y golpeándose el rostro contra el suelo.

Despertó algunas horas después en su lecho.”Seguramente fue un sueño”, pensó para sus adentros, y acarició al cachorro, que estaba acurrucado en su pecho, temblando. En la mesa, cerca de él, había un cuenco lleno de leche de cabra y un trozo de pan, un poco duro, del día anterior. Assotz se levantó y remojó el pan, suavizándolo; posteriormente lo comió lentamente, con un dolor de cabeza monumental. “Por todos los cielos y los infiernos, ¿qué ocurrió?”, se preguntaba, sintiendo en su mejilla izquierda una herida. Al poco tiempo, entraron las tres mujeres que hospedaba, preguntándole como se sentía. – Muy bien, ¿qué ocurrió ayer? ¿Lo viste? –, preguntó Aunia, la de cabello rizado.

– ¡Por mi madre, Aunia, no seas tan agresiva! –, reclamó Cryda, la menor, – Assotz, ¿estás bien? ¡Tenemos que ayudarte! –. La tercera y mayor hermana, Leary, miró a las dos con desaprobación, y levantó la voz. – Por ahora necesitas ayuda, pero con esa llaga en tu cara, no se ve bien. ¡Niñas, traigan agua caliente y una tela, para limpiarla!– Las dos menores hermanas buscaron lo necesario, y Leary comenzó a retirar la poca sangre espesa del rostro del campesino, quien se encontraba como petrificado y no sabía que decir. – ¿Qué… acaba… de… pasar? –, alcanzó a decir, y Leary en seguida respondió: – Pues saliste a media noche y regresaste son el rostro lleno de sangre y diciendo “El Grifo… El Grifo”, y “Drierde… Drierde”, tú dinos, ¿qué pasó? –

Assotz estaba reflexivo, pensando en las imágenes, ya borrosas, sobre la magnífica creatura y el golpe en su cabeza. De lo que no recordaba nada, era de como había vuelto a acostarse. Cryda, sonriendo, puso sus manos en los hombros del campesino, quien, extrañamente, comenzó a recordar lo ocurrido con más claridad. Recordó que, después de caer al suelo, el Grifo puso una garra sobre su nuca, y entonces, pudo escuchar “Ve por Drierde, consigue ayuda de las tres”. Posteriormente, se incorporó y caminó hasta ir a su cama. – El Grifo me dijo “Ve por Drierde, consigue ayuda de las tres… consigue ayuda de las tres… ¿Cómo sabe Aunia que “lo vi?” –

Las tres hermanas se levantaron de sus asientos, y se tomaron las manos. – Hace un año, nos dijeron que debíamos venir a este pueblo y ayudar a un joven, que necesitaría ayuda. Así, vinimos y esperamos la señal de que tú eras el indicado. El Protector, a quien tú viste ayer, nos acaba de decir que tú eres a quien buscábamos. – ¿Buscaban… para qué? – Aunia sonrió y levantó la ceja, diciendo: – Ya te lo dijo El Grifo, Assotz. Por Drierde. – ¿Pero ella qué tiene? Hace mucho tiempo que no se nada de ella, ella, inmersa en una profunda tristeza y deseo de huir, decidió irse del pueblo hace algunos meses, hace… –, Assotz abrió los ojos como platos, –… mes y medio.

Leary, notando que Assotz había notado lo que estaba pasando, le dio el último empujón: – Y dos semanas después, apareció el poderoso Dragón, lleno de furia y con unos grandes ojos color Esmeralda. – el semblante de Assotz, pasó de la confusión, a la derrota. – No… Drierde no puede ser… Ella no se convertiría en algo así. – dijo, intentando convencerse, el campesino. – Ella sola no, pero a veces, en nuestra desesperación, preferimos convertirnos en bestias antes que sufrir la tristeza de la vida. –, dijo Cryda, y Aunia asintió y prosiguió hablando: – Ella se hizo de los “protectores” equivocados, y ahora está, literalmente, escondida en las escamas de diamante de ese Dragón… todo su calor está escondido detrás del hielo que exhala.

– ¿Y que puedo hacer yo? Ni el guerrero del reino, ni el Mago del Norte pudieron vencer, y ellos estaban entrenados y sabían como blandir armas o usar hechizos. ¿Me van a decir que tengo que convencerla de que deje de ser un Dragón? –, rio nerviosamente Assotz. – Desafortunadamente, eso no bastaría. Como dije, ella está atrapada en la piel de diamante… Debes vencer al Dragón, y ella será libre. Nosotras te ayudaremos, estamos conectadas a ti de un modo muy fuerte, pero necesitamos hacer algo antes. – Cuando Leary terminó de hablar, Cryda dibujó con carboncillo, un círculo en el suelo, y las tres se colocaron dentro de él. Al tomarse las manos nuevamente, Todos los objetos sueltos en el cuarto volaron por el aire, pues una ráfaga llenó el lugar.

Mientras Assotz rescataba un jarrón, de las pocas cosas de valor que tenía, de caer al suelo y hacerse añicos, las tres hermanas cambiaron. Cuando volvió a mirarlas, se habían reducido al tamaño de libélulas, y emitían destellitos de color blanco y amarillo chillón. Cryda, con una nueva y mucha más aguda voz, dijo – Amigo, estamos aquí para ayudarte, pero por ahora, lo necesario es que consigas una espada y un escudo, sin importar su precio, o su tamaño. – Assotz, sin poder hacer otra cosa más que creer lo que estaba observando, salió de su casa, con las pocas monedas que tenía, y con el jarrón que afortunadamente acababa de salvar, y fue a la herrería.

Ahí, el viejo Wallace estaba terminando de forjar una espada para un noble, a juzgar por el acabado tan fino y con joyas que tenía. – ¡Ah, Assotz! ¿Cómo estás, chico? – Algo extraño, ha sido un día difícil, y la tensión de tener el Dragón cerca nos tiene a todos en ascuas. – Wallace empezó a reír, palmeando la espalda del joven. – Ese Dragón no se decide a destruirnos, pero aún tenemos que comer, ¿no? Por eso sigo trabajando. ¿Y tú, no deberías estar en tus campos, arando o algo así? –  Assotz se sintió nervioso. – Pues… no puedo explicarlo, pero necesito que me vendas un escudo y una espada, tengo estas monedas y este jarrón, que de algo te servirá.

Wallace miró, con desgano, a las monedas. – Lo siento, pero esto apenas alcanza para una espada de entrenamiento y un cuadro de madera con agarradera para protegerte. ¿Qué estás tramando? ¿Para qué gastar esto, que bien puede comprarte más comida, en estas baratijas? – Assotz puso un semblante serio y miró fijamente a Wallace. – Voy a matar al Dragón. – ¡Ja, ja, ja, ja, ja! –, rió el herrero, y se recuperó dando toses, – ¡Buena broma! No se para que quieras esto, pero si tu me das el dinero, yo te daré para lo que alcanza. – Assotz dio las monedas y el jarrón a Wallace, pero intentó regatear: – Vamos, amigo. Se que puedes darme algo un poco mejor, ¿al menos una espada afilada? ¿Un escudo que no sea una tabla? Sabes que es todo el dinero que tengo.

– Está bien, ¡Está bien! –, Wallace acompañó a Assotz al interior de su tienda. – Mira, esto es lo mejor que puedo darte sin perder tanto dinero. –, el herrero extendió al joven una espada larga, pero manejable con una mano; ésta tenía una empuñadura de cuero negro, venía en una funda del mismo color, la cual no tenía ningún adorno. Assotz la tomó, y se puso el cinturón con la funda. – ¿Dónde está?… ¡Eso es! Aquí está un escudo. – El escudo era de madera cubierta en cuero, ya estaba bastante gastado, pero era mejor que un cuadro de madera con asas. – ¡Gracias, Wallace!, dijo Assotz, y salió corriendo a su hogar. – ¡Si matas a ese Dragón con esa espada, me harás famoso! –, bromeó el herrero, gritando al joven que ya se había distanciado.

De un azote cerró la puerta tras de si, y puso la espada y el escudo en la mesa. – ¿Ahora, qué?–, preguntó, y las pequeñas Hadas volaron sobre la mesa. Leary tocó el escudo, y éste comenzó a cambiar de forma, volviéndose más grande, de acero, y de color plateado con franjas doradas, como el pelaje del Grifo. – Este escudo mágico te servirá para regresar los ataques del Dragón, causándole daño en el acto. Además, es ligero como si fuera de cuero, por lo que no te restará movimiento. – Entonces, Aunia tocó la espada, y esta se limpió de raspaduras, volviéndose como si fuera nueva. La empuñadura se volvió de Oro, y tenía una Esmeralda en la base. – Con esta espada mágica confrontarás las escamas de diamante de la bestia. La espada es inteligente, considéralo un entrenamiento muy rápido y mágico, ja, ja, ja… ¡Derrite el hielo que exhala ese Dragón! ¡Puedes hacerlo! –

En este momento, las dos hermanas de Assotz entraron al cuarto, y las Hadas se escondieron. – ¿Qué sucede, hermano? –, dijo Dympna, su pequeña hermana, con total preocupación en su mirada, – te vimos saliendo de casa a toda velocidad, y regresar con una espada y un escudo. ¿Estás bien? – ¡Cielos! –, exclamó Jeanne, su hermana mayor, al ver la grandiosa espada y el exquisito escudo, – ¿Cómo compraste esto? – Assotz invitó a sentarse a sus dos hermanas, y les explicó, sin incluir en la historia al Grifo ni a las Hadas, que tenía que vencer al Dragón para poder salvar a Drierde. Por varias horas, las hermanas lloraron e intentaron entender la situación, tan difícil que era. Finalmente, la determinación de Assotz venció, y ambas lo abrazaron, aferrándose a él por unos minutos.

Dympna besó su mejilla y le deseó suerte, pidiéndole que no se dejara vencer. Jeanne se quitó un colgante de su cuello y lo puso en la mano de Assotz. – Se que yo soy la mayor, pero usa esto, te dará la fuerza de la familia. – El joven tomó el colgante en su mano, para descubrir que era, curiosamente, un Grifo. Las hermanas se despidieron en abrazos y palabras de aliento, y Assotz silbó, para que sus amigas Hadas salieran de su escondite. – ¡No me dejaron hacer mi magia! – dijo Cryda, y tocó el colgante de Grifo. – Se que estamos conectados, y ahora te daré toda la ayuda posible. Mientras tengas esto contigo, tendrás protección contra el frío aliento del Dragón; también contra sus garras y colmillos. Pero cuidado, esta será tu armadura, pero incluso la mejor y más poderosa armadura puede romperse ante un ataque fuerte… más contra un Dragón tan formidable como al que enfrentarás.

Assotz levantó su mano, y las tres Hadas se posaron sobre ella. –Te hemos dado lo que hemos podido, pero debes usar todas tus habilidades para vencer, y no será nada fácil. –, dijo Aunia, sonriendo. – Antes que salvar a Drierde, debes rescatarte a ti mismo, ten mucho cuidado, por favor. –, sugirió Leary. – Todas nuestras energías están contigo, ya lo tienes todo… Solo úsalo, con todo el honor, la fe y el amor que tengas. –, dijo Cryda. – Gracias, mis amigas. No se si pueda vencer, pero daré mi mayor esfuerzo. Por ella y por mi; también por todos en el pueblo… pero sobre todo, por amor a Drierde… Usaré sabiamente los dones que me dieron, no las defraudaré, y tampoco me defraudaré a mi mismo.

– ¡Espera! –, dijo Cryda. – No te pongas el colgante hasta que te puedas ver en el espejo. Assotz tomó un espejo que las Hadas, cuando estaban en forma humana, usaban, y lo puso delante de si. Se puso el colgante, y notó como sus ropas cambiaron. Ahora estaba todo de negro, excepto por su jubón, el cual adquirió un color rojo, y tenía un Grifo pintado, de color ámbar, como los ojos de la creatura que vio la noche anterior. Los ropajes, a pesar de no ser pesados ni de metal, se sentían muy fuertes, o al menos daban a Assotz la sensación de poder, energía y protección.  Se ciñó el cinturón con la espada y tomó el escudo en su diestra, ya que blandía con la zurda. – Estoy listo.

Leary, antes de despedir a Assotz, dio un último consejo. – El Dragón está guardando dos tesoros, Assotz. No son tesoros cualesquiera, son la fuente de su poder, y de su transformación. – Aunia prosiguió: – Un tesoro, es una rosa de Oro. El segundo, es un Crisantemo de Plata. Ambos están relacionados contigo, y si los portas, le quitarás su poder y capacidad destructiva, venciéndolo en el acto. – Por último, Cryda complementó lo anteriormente dicho: – Sin embargo, creemos que solo podrás conseguir uno de los dos… Si es que puedes rescatar alguno. Recuerda que lo importante, es mantenerte fuerte, sin importar que.

– Gracias por sus consejos, intentaré recuperar ambos tesoros, vencer al Dragón de Drierde y recuperarla a ella también. Gracias por todo. Las tres Hadas dieron sus bendiciones a Assotz, quien salió de la pequeña cabaña donde vivía. Afuera, estaban Jeanne y Dympna, quien cargaba al cachorro que Assotz había encontrado meses atrás. – ¡Suerte! –, gritó, con la voz entrecortada, Jeanne, mientras Dympna, sollozando, se dio la vuelta y volvió a su morada. Estaba atardeciendo, y en la plaza, los vagabundos hacían una fogata para cocinar a algunos roedores que habían cazado en el día, para poderse alimentar. Cuando Assotz pasó, lo miraban, y sin decir palabra, sabían lo que ocurriría. Algunos apartaban la mirada, otros asentían con esperanza en su rostro. Después de caminar algunos minutos, el campesino, ahora convertido en guerrero, llegó a la pradera convertida en tundra, dentro de la cual esperaban los tesoros, esperaba el Dragón…. Y esperaba Drierde.

Mientras pisaba la nieve, sentía el corazón latiendo en sus oídos, el sudor en sus manos, la respiración acelerándose. De pronto, entre lo que parecía ser una colina de nieve y hielo, los vio. Los ojos de Esmeraldas, ahora tan grandes como un hombre, mirándolo fijamente. El Dragón se levantó y emitió un rugido aterrador, pero que no bastó para inmutar a Assotz, que ahora se encontraba más envalentonado que nunca. – ¡Atrás, bestia! ¡Si te resistes, te daré muerte lentamente! ¡No puedes conmigo! – La creatura resopló, como disfrutando el momento, y exhaló el terrible fuego azul contra el Guerrero, quien se protegió colocándose tras su escudo.

Después de pocos segundos, notó como su brazo se entumecía y comenzaba a doler. “Cryda tiene razón”, pensó Assotz, “esto me protege, pero no me hace invulnerable”. “No puedes prolongar tanto la pelea.”, una voz dijo en su cabeza. “¡Es el Grifo!”, pensó jubiloso Assotz, y se vio inyectado de valor, avanzando, tras su escudo, hacia el poderoso y destructivo Dragón. Cuando sentía que el frío empezaba a congelar su brazo, lanzó una estocada a ciegas, acertando en la boca del Dragón, y haciéndolo parar. Sin embargo, de una dentellada, el Dragón arrebató el escudo de Assotz y lo arrojó detrás de su propio cuerpo.

Assotz, quien tenía muy bien agarrado su escudo, también salió disparado, siendo golpeado contra un árbol congelado, el cual se rompió con el impacto. Algunos trozos de corteza y ramas congeladas, se clavaron en la espalda de Assotz, quien tosió sangre. El Dragón inhaló, parecía que volvería a arrojar fuego congelante. Entonces, el joven recordó las palabras de Aunia, “¡Derrite el hielo que exhala ese Dragón!”. Cuando el fuego azul se dirigió hacia él, Assotz tomó la espada con las dos manos, como si intentara cortar el mismísimo fuego; la espada comenzó a brillar y a emitir calor. El fuego del Dragón chocaba contra la espada, y era convertido en brisa fresca, que solamente logró mojar un poco el rostro del guerrero. Sin embargo, el frío hacía mella, y el agua en su rostro se convertía en hielo muy rápido, lo que hizo retroceder a Assotz.

Mientras el Dragón volvía a inhalar, Assotz corrió hacia él, y con todas sus fuerzas, atacó la pata delantera derecha del Dragón, pues era la que estaba más cercana a él. El golpe fue tan certero, que lo próximo que el guerrero vio, fue al Dragón emitiendo chillidos de dolor, y su pata cercenada moviéndose en el suelo. Sin embargo, lo siguiente fue un golpe enorme para su propio corazón. Después de unos momentos, la pata de Dragón cambió de forma, convirtiéndose en… La mano de Drierde. Una mano blanca como la nieve, de uñas cortas, llena de belleza. – ¡Drierde!–,  gritó Assotz, y ante eso, el Dragón saltó mordiscos frenéticos, los que apenas logró esquivar. Sin embargo, no logró detener la garra del Dragón, que rasgó todo el pecho de Assotz, dejando su piel al descubierto.

“No puedo seguir.”, pensó Assotz, y el Grifo, en su mente, respondió:”Ella no tiene salvación. Tienes que hacerlo, o lo destruirá todo.” Assotz, una vez más escupiendo sangre y sintiéndose mareado, gritó para sus adentros: “¡No!… ¡Los tesoros! Puedo salvar a Drierde sin matarla. ¡Voy a hacerlo!”. Assotz corrió y, esquivando los arañazos y dentelladas, logró rodear la creatura. Entonces, detrás del Dragón, Assotz vio lo que parecía ser un altar de hielo. Sobre él, como dijeron las Hadas, había una rosa de Oro y un Crisantemo de Plata. Sin embargo, el Dragón, al darse cuenta de que Assotz había descubierto su debilidad, redobló los ataques, hasta llegar a ser demasiado para el guerrero.

La espada ya no detenía tan bien el fuego, que ahora era mucho más poderoso y lleno de ira. Assotz cayó de rodillas y susurró: –Drierde… No nos hagas esto. Por favor. – El Dragón atacó con aún más fuerza y vigor, haciendo que poco a poco, la espada fuera cediendo. – ¿Realmente, necesitas esto? –, Assotz cayó al suelo, pero notó que el Dragón ya no exhalaba fuego. Si acaso fue por que entendió sus palabras, o solo porque necesitaba volver a respirar… eso nunca se sabrá; lo importante, es que Assotz sacó fuerzas dela flaqueza, se levantó y dando pasos ágiles, llegó al altar e intentó tomar la rosa de Oro.

Justo en ese momento, el Dragón soltó un coletazo con todas sus fuerzas hacia ese sitio, haciendo volar los dos tesoros y a Assotz. Ante su mirada atónita, el Dragón exhaló fuego con todas sus fuerzas contra la rosa de Oro, convirtiéndola en hielo, y pisándola con su pata delantera izquierda, reduciéndola a un montón de escarcha. “No… Esa era la clave.” Assotz pensó en atacar el cuello de la bestia, pero afortunadamente, el Grifo habló: “El Oro no puede ser destruido así, eso no era Oro… solo era brillante. Antes de rendirte, intenta con el Crisantemo.”

Assotz se lanzó con todas sus fuerzas sobre el Crisantemo, al cual logró alcanzar esquivando los ataques del Dragón, a duras penas. Después de unos momentos, logró tomarlo en su mano, aunque justo en ese momento, el Dragón lanzó la oleada de fuego más poderosa que haya exhalado jamás antes. Con sus dos manos, sostenía tanto la espada como el Crisantemo, pero la espada, esta vez, no logró resistir el fuego, partiéndose en pedazos tras un minuto de aguante. Sin embargo, ahora el Crisantemo por si mismo estaba repeliendo el ataque, dando calidez al hielo exhalado por la creatura.

Pronto, el Crisantemo de Plata comenzó a carcomerse, descubriendo que lo plateado no era más que pintura, y que en realidad, la flor estaba hecha de Oro, el Oro más puro y brillante que Assotz hubiera visto. Cuando el Dragón necesitó respirar, Assotz pudo dar un paso atrás, y descubrió que su escudo estaba ahora a sus pies. Así, lo tomó y esperó el siguiente ataque. Assotz recordó las palabras de Leary: “Este escudo mágico te servirá para regresar los ataques del Dragón, causándole daño en el acto.”, y justo en este momento, el Dragón lanzó un arañazo; al chocar contra el escudo, sus garras se quebraron y los huesos de su pata también se rompieron.

Assotz, entonces, tomó un fragmento de la espada rota, y atacó una vez más, lacerando una de las alas de la poderosa creatura. El hombre volvió a tomar en su mano el Crisantemo de Oro, con intención de guardarlo en su ropa, pero el Dragón, con un coletazo, logró herir a Assotz, dejándolo en el suelo. Con otro movimiento de su cola, lanzó el Crisantemo dorado hacia la distancia, mientras el guerrero veía como esa esperanza se perdía entre los bosques lejanos. “Sabes lo que hay que hacer, Assotz.”, dijo el Grifo, “termina con todo esto, ya no existe salvación.” – ¡NO! ¡Aún podemos salvar esto! ¡Por mi honor y mi amor! Vamos, Drierde, ¡reacciona!, no quiero terminar con todo. – Assotz, con lágrimas en los ojos, y fragmentos de la espada en ambas manos, corrió hacia el Dragón, con intención de clavarlos en su cuello.

Entonces, algo inesperado ocurrió… Los rugidos del Dragón, por un momento, se convirtieron en una voz. – ¡Ahora no! ¡Tiempo!–, gritó Drierde desde el interior de la bestia. – ¡Yo…! ¡Puedo…! ¡Vencerlo…! ¡Dame…! ¡Tiempo…! –, el Dragón, con semblante de dolor, levantó el vuelo, lastimando aún más su propia ala, y proyectando a Assotz contra otro cúmulo de escombros, que se enterraron en su pecho, ahora descubierto, poniéndolo al borde de la muerte. – Te lo dije. Hay esperanza. –, el caballero dijo a su animal protector, quien respondió:”Bien hecho.” Assotz se giró para ponerse boca arriba, y vio como el Dragón, volando a duras penas, se perdía en el horizonte. El hombre sonrió. – Adiós, Drierde, se que volverás, y aquí estaré… Te amo. – Por tercera vez, Assotz tosió sangre. – Un placer haberte ayudado. –

El caballero cerró los ojos, pensando en que ese era su final. Sin embargo, cuando los abrió, vio que estaba volando. Enormes garras de águila lo sostenían, y unas alas majestuosas surcaban los cielos sobre él. Assotz volvió a perder el conocimiento, y al despertar, las tres Hadas, una vez más en forma humana, estaban ahí, junto a sus hermanas de sangre. Extrañamente, el guerrero no tenía heridas, y se sentía pleno en salud, aunque con un gran vacío en el corazón. – Debo irme. –, susurró, ante la sorpresa de sus dos hermanas, pero la comprensión de las tres Hadas. – ¡Acabas de volver! –, dijo su hermana menor, Dympna, – ¡No quiero que mueras buscando al Dragón! –

– No, querida. –, dijo Cryda, – Assotz ya no volverá a pelear con el Dragón, pero necesita buscar un tesoro perdido, ¿no es así? – el hombre asintió y hablo: – El Crisantemo dorado, debo recuperarlo y encontrar a Drierde, salvar lo que pueda ser salvado. – Jeanne lloró un poco y le dijo a su hermano, abrazándolo: – No lo entiendo, pero te apoyaremos en todo. – Assotz, no te culpes por no haber vencido tú solo. Recuerda que ni el caballero más poderoso puede vencer al Dragón de alguien más. –, dijo con calidez Leary, y también abrazó al guerrero. Pronto, el abrazo se volvió grupal, y todos los presentes estaban compartiendo el sentimiento. Al sentir el abrazo de sus hermanas y las Hadas, Assotz sintió, de repente, todo el dolor de la batalla. Y no solo me refiero a las heridas, golpes y llagas físicas… Sino al dolor de enfrentar a Drierde, al dolor de herirla, al dolor de ser herido por ella, al dolor de perderla, junto con el la Rosa y el Crisantemo dorado, símbolos de su unión.

Por todo ese día, Assotz se permitió maldecir su suerte, maldecir al mundo y maldecir al Dragón. Sin embargo, al caer la siguiente noche, se puso en marcha. Tenía que encontrar el Crisantemo de Oro, y encontrar a la mujer de Esmeraldas en sus ojos y Oro en su cabello. Ella le había hecho muchas heridas, y él a ella también, pero ahora, tenía que encontrar a esa mujer, y comprobar si, con el tiempo que pidió en la batalla, lograría vencer al Dragón, y junto con Assotz, disfrutar de la Flor Dorada, que aunque ahora esté perdida, está brillando como nunca antes, pues tanto el joven, ahora convertido en un guerrero de armas mágicas, como la doncella cálida de piel de diamante, querían encontrarla y cuidarla. ¿Encontrarán el Crisantemo de Oro? Solo el tiempo nos lo dirá, por ahora… Es cuestión de tiempo.

FIN

DragonFight

“Los Fantasmas de Rojo” ¡Creepypasta Pokemon!

No suelo hacer creepypastas, esta es la primera. Es sobre Pokemon rojo y dorado, espero les agrade y comenten que les pareció:

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Esta historia, como muchas otras historias de miedo, sobre Pokemon, inicia con la nostalgia. Ya en el 2014, hacía muchos años que no jugaba Pokemon. En primera, pues ya había pasado la versión Oro, Plata, Rojo, Amarillo y Azul; y en segunda, pues yo solo soy fanático de la primera y segunda generaciones. De ahí en adelante, solo conozco a Arceus y tal vez a otros más, pero nunca intenté conocer las generaciones siguientes, ni me llamó la atención.

Pero bueno… como a muchos les pasa, jugar en la PC con un ROM, no es lo mismo que apretar las teclas con los pulgares del Game Boy, y como a muchos otros les sucede, jugar en un emulador de Android se me hace casi imposible pues mi maldito celular se congela y nunca puedo hacer gran avance sin desesperarme. Cierto día, sin embargo, mi teléfono se descompuso y mientras me lo arreglaban, recurrí a que me prestaran un Nokia, de los últimos modelos que tenían teclado y no usaban Android.

Esto me vino de perlas, pues logré descargar las versiones Roja y Oro de Pokemon para mi viejo teléfono, y así logré revivir un poco mi infancia. Primero, jugué el Rojo y nombré a mi Personaje “Rojo”, pues soy un tipo muy original. Como se imaginarán, el rival se llamó “Azul”. En fin, todo el juego corrió normalmente… pasé por cada gimnasio de Kanto, vencí al Equipo Rocket y logré formar un equipo bastante sólido: Charizard, Kadabra (¡gracias, regla de evolución por intercambio!), Dragonite, Gyarados, Rhydon y Nidoqueen; con ellos llegué hasta la Meseta Añil.

Bueno, en este punto he de aclarar que soy bastante “teatral”, así que a veces le hablaba a mi teléfono, como quien le grita a los personajes de una película. Por ejemplo, cuando vencía a un Pokemon con un ataque, gritaba cosas como “¡Trágatelo!”, cuando me topaba con mi rival, decía algo como “¡Vamos, compadre Rojo, mátalo y roba su dinero!”, y sonará raro, pero a veces, en mi euforia, le hablaba a los Pokemon de mi equipo como si fueran mascotas; por ejemplo, cuando mi Magikarp logró evolucionar, le dije a la pantalla “¿Quién es un buen dragoncito marino? ¿Quien es el mas letal dragoncito marino?” y cosas así…. muy ridículas, pero que muchos hacen en soledad.

Antes de pasar por la Liga Pokemon, me dispuse a atrapar a las 3 aves Legendarias, y una tras otra cayeron dentro de mi Caja de Pokemon. Esto debido a que no me gusta mucho usar Legendarios en mi equipo, pero siempre es bueno saber que los capturaste. Sin embargo, una vez que volví a la Meseta, dije algo como “Bueno, pobres Aves Legendarias… tan poderosas y atrapados. Deberíamos liberarlos, también a Mewtwo cuando lo atrapemos, ¿no crees, Rojo?” Entonces, fue que ocurrió algo extraño. Apareció una caja de texto que decía solamente: “…” y luego otra que decía “Rojo fue a dormir”. Después de eso, apareció en su cuarto. Al bajar, su madre le dijo algo relacionado a que tuviera cuidado contra el Alto Mando, y que comprara muchos Restaura Todo para aguantar.

Se que eso no pasa en el juego original, pero simplemente pensé que era una pequeña “adición”, la cual no me disgustó para nada. De hecho, me agradó que el Personaje visitara a su mamá antes de enfrentar la Liga (detalle tierno). Está de más decir que con mi equipo vencimos fácilmente al Alto Mando, a Gary, a capturé a Mewtwo. Mi costumbre, después de capturar a Mewtwo, era la de volver a vencer la Liga Pokemon, para poder “dar por cerrado” el juego. Lo que me causó conflicto, fue que al pasar los créditos,  yo dije “¡Bien! Ya hicimos todo lo que se puede hacer acá.”, eso coincidió con que terminaran los créditos, y que apareciera un cuadro de texto que decía: “¡Si! ¡Ahora seremos amigos para siempre!”

Esto fue extraño, pero considerando que ya había terminado el juego, no lo pensé mucho y pasé a jugar la versión Oro. Todo pasó como de costumbre, vencí en ambas regiones y pasé por el Alto Mando 2 ocasiones. También vencí al molesto Rival de la segunda generación, ese Pelirrojo prepotente. Sin embargo, noté algo raro. Cada que yo vencía en un gimnasio, aparecía una caja de texto con “…”, y nada más. En ningún momento relacioné eso con lo que ocurrió con Rojo, pero aparentemente si tenía mucho que ver. Mi equipo, esta vez, constaba de un Tyranitar, Noctowl, Entei (si, es Legendario, pero tuve la suerte de capturarlo y siempre ha sido mi favorito), el Gyarados rojo del Lago de la Furia, Haunter y Meganium.

Como todos saben, al final de las versiones Oro, Plata y Crystal, está el Monte Plateado… y al fondo de ese monte, está Rojo, el cual tiene un Pikachu, los tres iniciales de Kanto evolucionados, a Snorlax y Espeon. Bueno, algo raro pasó al estar en el Monte Plateado. Mientras más me acercaba al fondo de la caverna, me topé primero con un Articuno, luego con un Moltres, luego con un Zapdos y finalmente con un Mewtwo; esto no ocurría en Pokemon Oro, donde ni siquiera aparecía Mewtwo. Sin embargo, los capturé y seguí avanzando. Al llegar a Rojo, en vez de aparecer el típico “…”, me dijo “¿Dónde estabas, amigo? Espera, ¿quién es este impostor?”, y comenzó la batalla.

Rojo abrió con un Charizard, y yo con mi Gyarados, el cual venció fácilmente usando “Surf”. No le di importancia a que abriera con Charizard, siendo que siempre usaba a Pikachu como primera elección; sin embargo, me asusté cuando, en vez de que apareciera el “¡Enemigo Charizard fue debilitado! o “¡Enemigo Charizard se desmayó!”, pude leer que decía “Con el iniciamos… ¿por qué lo lastimas?”. Después, apareció su siguiente Pokemon: Kadabra, solo que en vez de decir “Rojo envió a Kadabra”, decía el texto: “¿Recuerdas?, este tonto solo sabía teletransportarse, ¡Ahora míralo!”

Al vencerlo, apareció un nuevo diálogo: “Espera, amigo. Somos mejores que este impostor, déjame mostrártelo.”, y envió a Rhydon, el cual venció a Gyarados con  su ataque de “Perforador”. Al hacerlo, pude ver un texto que decía: “¿Lo ves, compadre? ¡Vamos a matarlo y robarle su dinero!”, sin embargo, yo vencí a Rhydon y Nidoqueen. Dichas victorias fueron seguidas primero de un texto que decía “Rugido”, y luego de “Rojo ha estallado en lágrimas”. Al aparecer el Gyarados de Rojo, dijo: “¡Sólo sabía salpicar! ¡Mira al más letal dragoncito marino!”, pero también lo vencí.

Finalmente, Rojo dijo: “Vamos, amigo… Debo convencerte, usaré lo mejor que tenemos.”, y lanzó a Dragonite. Al jugar la versión Roja, este fue el Pokemon que más entrené, y ahora era mucho, muy difícil de vencer. Sin embargo, logré hacerlo después de muchas pociones y ataques. Al terminar el duelo, apareció la imagen del Monte Plateado otra vez, y el diálogo decía: “No. No. ¡No!, ¡NO!, ¡NOOOO!”, pronto, uno más: “Soy mejor, no se que hacer…Adiós.”, y finalmente la pantalla se oscureció y Rojo ya no estaba. Fui a un Centro Pokemon, y así como con la versión Pasada, una vez vencido Rojo, me gusta volver a pasar la Liga, así que me dirigí hacia la Meseta Añil.

Noté que ya era muy tarde, y que de hecho estaba asustado por el juego, así que me fui a dormir. Me costó trabajo, pero lo logré. A la mañana siguiente, no podía dejar de pensar en la noche anterior, así que decidí simplemente pasar la Liga Pokemon y ya, dejar los juegos. Sin embargo, cuando abrí la carpeta de las aplicaciones, ya no estaba la versión Roja, solo la Oro. Eso se me hizo muy sospechoso, pero entré al juego que tenía. Ahora bien, no aparecí en la Meseta Añil, sino en Pueblo Paleta. Ahí, estaban la Madre de Rojo, Oak, Azul, y el Alto Mando de la Liga, todos en círculo alrededor de un objeto gris.

Al hablarles, todos decían cosas similares. Oak decía “Pobre chico: ¿qué le habrá pasado?”, Azul decía: “Adiós, amigo. Espero tú y tus Pokemon estén mejor.”, la Madre de Rojo decía: “¡Era tan joven! Le dije que no nadara…”, y así, todos hablando de eso. Finalmente, al hablar con Lance, el decía: “Oh, Oro, gracias por venir. Rojo era un gran entrenador, ¿sabes que le ocurrió?”, y aparecía la opción de “Si”, y “No”, obviamente le dije que no. Lance proseguía: “Se ahogó de camino a Isla Canela… Oak y yo creemos que algo más pasó. Tenía un Dragonite que nadaba muy bien. Revisamos sus Poke Balls, todas vacías. Oh, Rojo.”, “Lance está llorando.”

Esto me intrigaba mucho, así que interactué con el objeto gris del centro del círculo. “Aquí yace Rojo.” Al leer eso, mi celular se apagó por un segundo. Asustado, vi como se encendía una vez más, y aparecía la animación de una batalla por comenzar. “¡Rojo quiere luchar!”, decía, seguido de “¡Te lo mostraré!”. Noté que el Sprite de Rojo era Púrpura, del color que tienen Haunter, Ghastly o Gengar… Pokemon Fantasma. Tenía, como de costumbre, 6 en su equipo, pero al llamar al primero, aparecía un Fantasma como los de la Torre Lavanda, de esos que no puedes reconocer sin el aparato de Sliph.

Mi Entei, que estaba al inicio de mi equipo, estaba muy asustado para atacar. Lo que más me asustó, fue que, en vez de decir “Vete…”, “Lárgate…”, como de costumbre, decía “Nos abandonaste…”, “Tu fuiste…”, noté que este Fantasma sabía usar los siguientes ataques: “Vuelo, Llamarada, Excavar, Giro Fuego”, ¡Era Charizard!, después de un par de turnos, y ninguna respuesta por parte de mi Entei, éste fue derrotado. Un texto apareció: “Solo es el comienzo.”, llamé a Noctowl, con esperanza de que con algún ataque psíquico pudiera hacer algo. Rojo recogió a ese Fantasma y llamó a otro. Mi Pokemon también estaba muy asustado para atacar, así que fue atacado primero.

Fue vencido con ataques físicos…los que sabía mi Nidoqueen. Uno a uno, mis Pokemon cayeron, víctimas de los fantasmas de mis viejos Pokemon. Cuando Tyranitar, mi última defensa, cayó, apareció simplemente una caja de texto que decía: “JAJAJAJAJAJAJA. ¡Soy el mejor!”, y una más que decía: “Rojo está atacando a Oro.” “¡Oro está convulsionando!”, y mi teléfono se volvió a apagar. Al encenderlo y buscar la carpeta de juegos, para ver que había ocurrido, noté que una vez más, estaba el archivo de “Pokemon Rojo”, sin embargo, el archivo de abajo, el que debería ser la Versión Oro, aparecía con un icono de archivo corrupto, y por nombre tenía: “EL IMPOSTOR MURIÓ”.

Asustado, no volví a usar mi celular hasta que repararon mi teléfono nuevo, y devolví el Nokia a mi amigo. Al día siguiente, me comentó que estaba contento de que le descargara Pokemon Rojo, pero que le parecía raro que no lo hubiera jugado. Cuando le comenté que si lo había jugado, y además que también tenía la versión Oro, él me comentó que tal vez borré mi Partida y el juego, pues en la carpeta solo aparecía un archivo que decía “Pokemon Rojo, Amigo”, el cual no tenía la opción de “Continuar”.

Los Habitantes (Cuento/Carta)

Puede que no entiendas mucho las metáforas, pero por favor, intenta seguir este cuento: – ¿Qué sucede? – Le dijo un hombrecillo al otro. – Cuando el mal acontece afuera, solo el interior lo resiente. – respondió otro pequeño hombre, un poco más anciano. Al exterior, estaba yo, parado junto a ti, diciéndote todo lo que sentía en ese momento. Tú dijiste –Adiós. –, sin ningún titubeo, y con ello se comenzaron a marchitar todos los pastizales y árboles frutales de mi interior. Cada castillo, torre y fortaleza que habían formado “Los habitantes”, comenzó a destruirse.
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Con ellos, con Los Habitantes, yo hablaba cuando estaba solo, y apenas ahora recordé que existían; que yo los había creado en mi fantasía. – Pero, ¿a qué le tienes tanto miedo? Por favor, se que no soy perfecto, pero te juro que lo intentaré… Somos diferentes, ¿y? – esa fue mi mejor defensa, pero yo sabía que toda palabra sería vana para ti, pues la seguridad es tu emblema, tu mayor fortaleza, tú más grande barrera y tú único, pero catastrófico defecto: temes al riesgo y al terreno difícil.
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Lo que tú no sabes, es que la “dificultad” y las personas diferentes son los ingredientes más bellos de una relación. Lo que no entiendes, es que por más que pensemos diferente, te quiero. Lo que no has logrado ver, esque olvidé a “Los habitantes”, no por falta de tiempo, ni de soledad (Dios sabe que la soledad ha sido mi mayor compañera); sino por que con ellos hablaba cuando me sentía triste y realmente solo… Y al hablar contigo, al tomarte de un brazo y acercar mi rostro a un hombro tuyo, todo cambiaba y nada era igual. Los habitantes construyeron mil torres en tu nombre, mil torres que no tenían ningún estandarte a la amistad, por cierto.
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Los habitantes habían sufrido mucho cuando Ella (la damisela, para ser claro) se fue. – No volveremos a construir, ¿verdad? – Me preguntó uno de ellos, pues Ella convirtió las praderas en campo estéril. Pero ahora… contigo, el pasto volvió a crecer de un color tan verde como el de tus hermosos ojos, y el sol había brillado, por las mañanas, con un tono tan dorado como el de tu cabello, al que tanto me gusta mirar; y en el ocaso, de un color tan rojo como el rubor de tus mejillas cuando te sientes apenada. Los Habitantes vivieron en prosperidad por años… pues hay que decirlo, en mi mente el tiempo pasa muy rápido.
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Créeme que cuando te decía que te quiero, era verdad. Es triste, ¿no? Que yo tenga miedo y lo enfrente, pues así como para un amor hacen falta dos, para una amistad también. Y hoy no ofrezco fraternidad contigo. Los habitantes están marchitando una vez más, y se que en el futuro renacerán y el campo volverá a ser verde… pero nunca volverá a ser tan verde como tus ojos, que cuando sonríen, reflejan toda la vida de ambos mundos, todas las esperanzas y sueños que, a pesar de haber sido apresurado, coloqué en ti. Y es triste, ¿no? Que cada que vuelvo a pensar en esa sonrisa tan tuya, los habitantes vuelven a sonreír y a saber que, por más que el sol se oculte, sigue siendo dorado como tu cabello, al que tanto me gusta mirar… o tan rojo, como el rubor de tus mejillas cuando te sientes apenada.

Voces (Cuento de Terror)

No se si estén enterados, pero hay una convocatoria de la marca “Rexona” para escritores de cuento. ¿De qué trata? Hay un escritor, Alberto Chimal, el cual te deja un cuento “a medias”, y terminarlo es tu tarea. Los diez mejores serán publicados en un libro y toda la cosa. Yo entré, y me gustaría colocarles aquí el inicio del cuento, para que sepan de que se trata, y mi final… para que me digan que les pareció. Este final es algo de miedo, y espero que lo disfruten…
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VOCES
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Inicio del cuento (por Alberto Chimal): 
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—No te había visto en mucho tiempo —le dije.
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Y era verdad. Bueno, aproximadamente verdad. Lo cierto es que, si bien no nos habíamos encontrado cara a cara, en esos días se le podía encontrar por todas partes: las historias que contaban amigos y desconocidos, las fotos en redes sociales, y hasta algún reporte noticioso por aquí y por allá. Unos meses antes era una persona más: una de millones que habitamos este mundo aburrido y lleno de cosas extrañas que no nos sorprenden en absoluto. Pero ahora…
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— ¡Estás por todas partes! —Continué— Viajas, todo el mundo te ve, todo el mundo habla de ti… No me vas a decir que no te sorprende.
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— ¡Claro que me sorprende! —contestó. En varios aspectos no había cambiado: seguía dando la impresión de que se alegraba al verme, por ejemplo, y creo que se alegraba de verdad— Si hace un año me hubieras dicho que esto iba a pasar…
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— ¿Y qué fue lo que pasó?
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—Me alegra mucho que preguntes —respondió. Estábamos en su departamento, que era el mismo, tan pequeño y desarreglado como siempre. Se levantó, se puso a rebuscar entre muebles y cajas de cartón y regresó con una de ellas. Una caja cúbica, no muy grande ni muy chica.
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No sé por qué, pero pensé que una caja así podía contener muchísimas cosas: un vestido de novia, o una bola de boliche, o una consola de juegos con sus accesorios, o…
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—Todo lo que está pasando se lo debo a lo que está en esta caja —dijo, y la abrió.
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Final del cuento (Por A.E. Bataz)
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Sacó de la caja, otra más pequeña. Era rectangular, negra con rubíes a todo lo ancho. La abrió, y había un cristal amarillento muy pulido, un espejo. Se borró su sonrisa, y comenzó a gritar: – ¡Yo la encontré! ¡Nadie más! ¡Esa caja me quería a mí! ¿Recuerdas la expedición hacia la selva? ¿Esa en la que Héctor, nuestro amigo, nos invitó, pero no pudiste acudir? Bueno, por las noticias, ya sabes que el avión se estrelló y solo yo viví…Bueno, amigo, ¿cómo crees que sobreviví? ¿Por qué es que te llamé?
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– Cuando encontré la caja, no podía abrirla, pero la guardé. Al día siguiente desperté de pie, junto al cuerpo de Ana, mi querida novia, ¡ahorcada! Todos en el campamento tuvimos miedo de que hubiera alguien en el bosque, pero seguimos. Al día siguiente, desperté junto al cuerpo de Héctor, ¡apuñalado! Decidimos regresar a la ciudad, pero… A medio camino la caja se abrió, ¡sola! Vi al espejo, y allí estaba… con las facciones caídas, babeando, llorando sangre, ¡no era yo! Él… Me pedía una sola cosa, me gritaba: “¡Sangre! ¡Sangre!” ¡Nadie más lo escuchaba! Cerré la caja, pero su voz seguía taladrando mis oídos.
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Maté al piloto y el avión cayó. Pero salí ileso, ¡él me había protegido! Ahora da igual, porque la voz me sigue pidiendo sangre, ¡incluso me susurra nombres! Espero que me perdones, querido amigo, pero llevo semanas sin matar a nadie, y la voz hiere, amanezco con marcas, ¡me pide tu nombre! ¡Quiere tu sangre! – Sacó de su abrigo un cuchillo y caminó hacia mí. Yo corrí a la puerta, pero ya estaba cerrada y no podía abrir. Volteé, y sentí un terrible dolor en mi costado. Antes de caer, escuché sus gritos otra vez.
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– ¡Perdón! ¡Solo quiero que se acaben las voces!
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¿Qué opinan? Espero sus sugerencias.
Si quieren, la convocatoria del concurso está en: http://paginas-web-internet.com/apps/home

Sábado por la Tarde (Cuento de Terror)

Estás sentado, o sentada frente a tu computadora, en un acostumbrado rato de ocio. Miras las actualizaciones de tus amigos, revisas tus correos nuevos y no ves más que las mismas cosas de siempre. Algunas imágenes graciosas, publicaciones sin sentido, correo basura, publicidad y demás. Pasan las horas y tu aburrimiento aumenta, así que pones música. Tu música favorita, ¿Algo instrumental, o con vocalista? ¿Algo armonioso, o más bien estruendoso? No se, es tú música favorita, tu decide.
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El sol está cayendo, como puedes ver desde la ventana cercana a la que estás. La luz no es amarilla como durante el día, ni hay oscuridad como en la noche, sino que entra una ligera iluminación rojiza, anaranjada, propia de esa hora del día que no es ni día, ni noche, sino algo más. Necesitas aire, te sientes con cierta pesadez y sofoco, así que abres la ventana de par en par, descubriendo así unas pocas gotas que golpean contra el suelo, los autos, las casas y las personas que van caminando en la calle.
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La llovizna cae, y te abstraes por unos minutos mirándola fijamente, como si nunca lo hubieras hecho antes. La brisa, en comunión con la música, te relaja, poniéndote en un estado de armonía con tu propia persona. Pero la música deja de llamarte la atención, deja de ser importante, así que mejor enciendes el televisor, con ganas de no pensar y seguirte distrayendo, ya que esta tarde precisamente, no tienes nada que hacer y buena falta te hace pasar una tarde y una noche haciendo absolutamente nada.
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Así, cambias de canal una y otra vez, buscando algo lo suficientemente interesante como para perder el tiempo mirando: telenovelas, documentales, caricaturas, películas, deportes… nada te llama la atención. ¿Por qué? ¿Es que deberías estar haciendo otra cosa? ¡Quién sabe! Eliges un canal donde están transmitiendo una película, esa que tantas ganas tenías de ver, pero que por una u otra razón, no habías podido. ¿Es una película romántica? ¿Tal vez una película de acción? ¿Qué actor sale?
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No importa, miras la película con comodidad desde tu sofá, tu cama, o donde te sientes mejor, cada vez con más atención en la trama, hasta que dejas de notar todo a tu alrededor. De pronto, se corta la película, pero no por comerciales como suele suceder, sino que aparece el presentador de noticias que normalmente vez, se le ve algo alarmado y comienza a hablar: –Interrumpimos la programación por un anuncio importante. – El presentador explica que un reconocido asesino serial norteamericano escapó de la prisión Estatal de California, huyendo con rapidez y habilidad a México.
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Aparentemente, el quiere ir cada vez más al sur, tal vez para desaparecer en algún punto de Centro o Sudamérica, pero no tiene dinero, así que va a paso lento por todo el país. Ahora viene lo importante: la última vez que alguien lo vio, reconociéndolo por fotografías brindadas por la policía Americana, fue en la zona centro del país, y más precisamente, a un par de calles del lugar en que te encuentras en este momento, mientras mirabas esa película. Y el problema no era ese, sino algo aun peor.
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Según los psiquiatras de la prisión en que estaba, el asesino tenía fuertes trastornos mentales que apenas eran tratables incluso con medicamentos, por lo que en cualquier momento podría volver a matar sin importarle el riesgo de ser capturado. En cualquier momento… La transmisión extraordinaria termina con una fuerte sugerencia de no salir al anochecer, y la película que estabas mirando continua, pero ya no logras prestarle atención como antes. ¡Un brutal asesino prófugo, probablemente paseándose por tu colonia!
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Ese pensamiento no te deja en paz, pero sigues intentando forzarte a terminar de mirar la televisión por un par de horas más. Por una u otra razón, te encuentras en soledad en tu casa. Todos los demás están fuera; tal vez en una fiesta, tal vez en casa de algún pariente o amigo, tal vez de vacaciones en algún lugar. Pero la soledad te asusta, así que llamas a alguien, para poder así pasar el tiempo y despejar la mente, pensar en otra cosa. ¿A quién llamas? ¿Un amigo? ¿Un pariente? ¿Tal vez a tu pareja?
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No se, pero tomas el teléfono y le pides a esa persona que venga a tu casa a pasar la noche perdiendo el tiempo, a lo que responde afirmativamente, pues te escucha algo mal, y piensa que te hará bien la compañía. Puede que normalmente no seas de las personas que se asustan con facilidad, pero esta noticia…tiene algo especial, algo que de verdad te causa nerviosismo y no te deja pensar en paz. Si, cuando llegue la persona que invitaste, te sentirás mucho mejor. Mucho, mucho mejor.
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Pasa un rato, hasta que te das cuenta de algo importante: ya anocheció, y tu luz está prendida. Si hay alguien buscando una presa ahí fuera, tal vez esa luz le haya llamado la atención. No, no puede ser. Sin embargo, apagas las luces de tu casa y te encierras en tu cuarto. Solo entonces descubres algo peor: llamaste a alguien para que fuera a tu casa, de noche, con un asesino rondando la colonia. ¿Qué hiciste? Llamas a su celular. La otra persona contesta, diciéndote que ya está a dos calles de distancia, pero que pasará a una tienda a comprar botanas para pasar la noche, que no te preocupes.
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Tu te relajas y vuelves a encender la luz, poniendo un poco de música relajante para calmar esos nervios, que tan alterados se encuentran en este momento. Pasan los minutos, veinte para ser precisos, y tu invitado no llega. ¿Qué habrá pasado? Tal vez las tiendas estaban cerradas, tal vez mintió al decir que ya estaba cerca y apenas iba saliendo de su casa… cualquier cosa puede estar pasando. Cualquiera. ¿Y si…? Vuelves a llamar. Suena, suena, suena, pero no contesta. Te alarmas y vuelves a llamar.
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Nadie contesta, así que mandas un mensaje de texto: “¿Dónde vienes? ¿Todo bien?” A los pocos minutos llega una respuesta: “Todo bien, ya llegué. Ábreme.” Esa respuesta, dentro de todos tus nervios y alarmas, te causa cierta paz, así que rápidamente vas a la puerta de la entrada, para así abrir y poder estar en compañía de alguien más durante esa noche tan extraña, tan oscura, tan aterradora. En ese momento, tú agarras la manija de la puerta con toda la disposición de abrirla, pero pronto un pensamiento pasa por tu mente y la inunda. La respuesta que te envió fue algo extraña, ¿no?
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¿Por qué no respondió las llamadas, pero si el mensaje con tanta rapidez? Tal vez lo mejor sería no abrir la puerta… Dices en voz alta: – ¿Estás ahí? – para saber si realmente quien invitaste se encontraba del otro lado. Pero no hay respuesta, o más bien, no escuchas su voz. Se oyen tres golpes secos y fuertes en la puerta, seguidos de un quejido que parece ser de dolor, pero no puedes saber a ciencia cierta. No puedes evitar dudar de quien está afuera de tu casa. Vuelves a preguntar: – ¿Quién es? – y la respuesta es la misma, tres golpes fuertes contra la puerta de tu casa.
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Algo no andaba bien. Pero afortunadamente, la puerta tiene una mirilla, por la que podrías ver al otro lado sin exponerte a nada. Te acercas a la puerta y miras por el pequeño orificio. Puedes ver a esa persona que invitaste, pero solo puedes ver su rostro por lo pequeño de la mirilla. Se ve con algo de miedo, tal vez también se encontraba de nervios por la noticia de la televisión. También tiene algo de palidez, como si tuviera tanto miedo que se quedó sin habla y por eso no podía responder con palabras. Con eso en mente, abres la puerta, y lo que puedes observar es lo siguiente:
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Ves fijamente el rostro de tu invitado, o más bien… la cabeza cortada de tu invitado. El rostro está pálido, pues está muerto. Se le ve asustado, pues con esa emoción fue que murió. Un hombre, de unos dos metros de alto estaba colocando la cabeza frente a la mirilla, y puedes ver su rostro. Una amplia sonrisa siniestra se dibuja en su rostro y sus facciones, afiladas como cuchillos apuntan hacia ti. Puedes ver un hilo de saliva cayendo de sus labios, como si de un perro hambriento se tratara.
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Trae puesta una gruesa chamarra de color amarillo pálido, teñida de una delgada línea de sangre que va de costado a costado, y cuando logras observar con más detenimiento, puedes ver a tres pasos de distancia, detrás de él, a un cuerpo sin cabeza, yaciendo sobre un espeso y grande charco de sangre. Tienes miedo, pero no puedes moverte. El hombre te ve fijamente, lleno de sed y rabia, y saca de su chamarra un puñal ya lleno de sangre. Tu cuerpo reacciona, pero ya es demasiado tarde. Das tres pasos, hasta que el dolor lacerante en tu costado hace que caigas de rodillas al suelo.
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Tus ojos aun no se cierran, y puedes ver al hombre parándose frente a ti, primero sonriendo, luego emitiendo una risa silenciosa que cada vez se vuelve más y más fuerte. Atraviesa con su cuchillo una y otra vez tu cuerpo, mientras tú piensas una multitud de cosas y recuerdas a una multitud aun mayor de personas. El hombre termina de apuñalarte, y con una amplia sonrisa, se aleja caminando y tarareando una canción. Segundos después, escuchas una sirena acercarse, y una patrulla policiaca se estaciona cerca de ti.
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Tal vez tú gritaste sin darte cuenta, tal vez tu invitado gritó y no escuchaste, tal vez un vecino miró algo y llamó a la policía. Pero como sea, nada de eso importa. El asesino se había ido, y tú estás muriendo. Piensas: “Llegan tarde”. Mientras escuchas los pasos de tres uniformados acercándose a ti, y tus ojos por fin, terminan de cerrarse. Por si te importa saber, el asesino volvió a la prisión de la que salió, y fue condenado a la inyección letal. Espero que eso te ayude para sentirte mejor con el hecho de que… bueno, ya no estás con vida.
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PD: La verdad no supe como adaptar el hecho de que el asesino estaba en el centro de México, para que se pudiera leer de manera más “universal”. Si alguien pudiera ayudarme con eso, sería épico. ¡Buenas noches!