Coyuca de Benitez: La Puerta de la Costa Grande

Hace varios meses, envié el siguiente escrito a un concurso literario (fotos incluidas). A pesar de quedar finalista, no gané. El lado bueno, es que, al liberarse mi texto, puedo compartirlo con ustedes en este medio. Espero les guste, pues habla de un lugar muy importante para mi. Comencemos…..

01

Una popular canción regional dice: “Cuando vayas a Guerrero, no te olvides de Coyuca. Puerta de oro de la Costa Grande, ¡ay, que belleza!”; y, ¿cómo voy a olvidarme de la tierra que me vio nacer? Después de meses de ausencia, vuelvo a casa. Hace un tiempo, el huracán Manuel causó el colapso del mítico y titánico puente que cruza el río. Me es grato ver que ha sido vuelto a construir, e incluso, mejorado. Nuestros pilares griegos volvieron a ponerse en pie.

02

He de decir que he perdido el acento característico de la costa. Tampoco entiendo muchas palabras coloquiales, y a veces me siento un tanto ajeno en lo social. Sin embargo, veo a las palmeras, gigantes milenarios – sé que no viven tanto tiempo, pero desde donde estoy parado, pareciera que sí –, y me siento como en casa. Hace mucho calor, eso sí, pero no hay nada como mecerse en una hamaca, contemplando el palmeral de más allá de la montaña, donde habita el recuerdo. Me apetece ir a la playa, y los susurros del viento a través de las hojas, aumentan el deseo.

03

La Playa tiene varios nombres: “Playa Azul”, “El morro” y “El Carrizal”. Al llegar, noto más de esta paradoja entre destrucción y renacimiento. Hace pocos meses, ocurrió una oleada muy poderosa, el mar de fondo; éste dañó algunos negocios y casas aledañas, además de que destruyó algunos más. Ver escenas de hoyos en la tierra, donde antes había casas, o grietas enormes en las paredes, o personas aun sacando arena de su hogar, me causaron cierta tristeza. Sin embargo, si algo caracteriza a las personas de aquí, es la unión y el espíritu de no dejarse doblegar por nada. Digo, por algo nacimos cerca del mar abierto, ¿no? Las palmeras me siguen reconfortando, y es que he pensado que hay más de ellas, que personas en Coyuca. En fin… después de reflexionar por un rato, vuelvo mis pies hacia el mar.

04

Aquí, el viento es muy recio, y lleno de sabor a sal y recuerdos viejos. El mar abierto asemeja a una mujer que ha sufrido en su pasado. Se defiende con furia, pero alberga una gran capacidad de hacerte sentir bien, lleno de amor y armonía. Ahora comprendo que la brisa que sentí al llegar a Coyuca, no era sino el llamado del Mar, invitándome a volver.

05

Saludo al mar con los brazos abiertos, como quien visita a un viejo amigo después de un largo distanciamiento. El océano aminora sus olas y me permite entrar: recibió el saludo. Conversamos por largas horas; le cuento mis vivencias en los últimos meses, él me cuenta lo que ha sido de su vida reciente. Me arrastra por la arena un par de veces, y yo logro domar sus olas en ocasiones. Así nos llevamos: pesado, como verdaderos amigos. El cansancio comienza a hacerme mella, así como el hambre… por ello, salgo del abrazo del mar, para comer algo y ponerme ropa seca.

06

Dicen que Dios creó el paraíso, y luego, los lugareños le pusieron “El morro” de cariño. Al contemplar este paisaje, no dudo de esa historia. Creo que esta es mi definición gráfica de “paz interior”. Me alisto y vuelvo a casa, no sin antes dedicarle unos pensamientos y palabras cálidas al espíritu del océano, con quien tengo una estrecha relación desde hace varios años. Lleno de nostalgia, abandono el lugar; de camino, una vez más, las palmeras me reconfortan.

07

Lluvia. Golpea la ventana, como si la naturaleza llorara. Mientras voy en el auto, pienso: “Palmeras… lluvia… ¿qué más se puede pedir?”. Esto es plenitud y paz. Desafortunadamente, los seis días que llevo aquí se terminan hoy, y he de volver a trabajar. Intento memorizar, detalle a detalle, el camino desde la playa a la casa, para poder quedármelo y rememorarlo mientras esté en la ciudad. Al llegar, me mezo en la hamaca por unos instantes, y salgo a El Jardín, recordando que no lo había visitado en mi estancia en Coyuca. Será un buen último destino turístico.

08

“El Jardín” es como se le llama a esta pequeña plaza en el centro del pueblo. Aquí hay canchas de baloncesto, un pintoresco kiosco, la entrada a la iglesia donde  más veces he asistido a misa – a pesar de no vivir aquí –, y un puesto con las mejores tortas que han existido en la historia de la humanidad. Antes de dejar Coyuca, vengo por una de las últimas mencionadas. La degusto mientras escucho a los grillos en su concierto de cuerdas, y miro a unos patinadores practicando en la cancha. Hay algunos niños jugando también. Yo pienso en lo simple que es la vida aquí: sin prisa. Sin tanto ruido, tanta luz, tanto estrés. Aunque bueno, cada quien conoce el infierno en el que arde, tendría que vivir aquí un tiempo para comprender bien lo que se siente. Sin embargo, eso será en otra ocasión; está anocheciendo, y es hora de tomar la carretera.

09

Extrañamente, nuestro viaje mengua en el puente, mismo sitio donde comenzó. De noche, todo se ve diferente, ¿no es verdad? Dicen que aquí, en el río, se han visto apariciones de La Llorona, Nahuales, y demás entidades sobrenaturales de corte “maligno”. Sin embargo, yo sólo siento paz. Si es que algún espíritu del Bajo Astral es asiduo del río de Coyuca por las noches, hoy no vino. Esta es la última parada antes de volver al Estado de México, así que me despido de las palmeras y el río; del pueblo. Las despedidas son difíciles, y más cuando no te estás despidiendo de una persona.

10

Con baterías nuevas, le digo “hola” a la ciudad. Extraño la playa, es verdad, pero aquí se encuentran mis amigos, mi familia nuclear, mi trabajo y buena parte de mi vida. Tal vez algún día logre tener todo en un sitio, pero supongo que eso haría que la vida fuera más aburrida; extrañar algo siempre es bueno, te motiva a mejorar para volver con algo nuevo que contar. Aquí no hay palmeras altas y que den cocos; ni brisa marina; ni hamacas para mecerte… pero aquí estaré los próximos meses, feliz de haber visitado Coyuca de Benítez, la tierra que me vio nacer: La Puerta de la Costa Grande.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s