Cinco minutos al pasado

De yo volver por escasos cinco minutos a una época pasada de mi vida, sin duda regresaría a un momento que significara algo; uno en el que cinco minutos fueran convertidos en la eternidad más larga (o la brevedad más ínfima), por su intensidad y repercusión en lo que soy con anterioridad.

No cambiaría casi nada de mi pasado, y es que, con todo y sus dificultades, no me imagino viviendo de otra manera. Mis amigos, pocos como son, son reales. Mi carrera, difícil como es, me apasiona y me llena. Mis escritos, incompletos y con los típicos “bloqueos literarios”, pero me permite expresar toda la realidad que percibo y quisiera percibir.

Tal vez, solo a mi “viejo yo”, le dejaría una nota, diciéndole que no tema, que el sol va a salir (y volverá a ocultarse, como todo en esta confusa y cíclica realidad). Le diría que cuidara un poco más su salud, que dejara esa adicción por los refrescos que tanto daño puede hacernos en el futuro. Le diría que extrajera todo el jugo posible a las clases de la universidad, y evitara quedarse dormido en los pupitres…Pero por sobre todas las cosas, le diría que actuara.

Y es que, si tuviera que alterar un momento de mi historia, con solo 5 minutos para actuar, mi momento elegido sería durante el día domingo, 2 de mayo, del año 2010. Y no por su valor intelectual, espiritual, ni mucho menos. Nada espectacular ocurrió ese día; y ese es precisamente el problema. Ese día me negué a mi más profundo instinto, a mi capacidad, a mi necesidad de amar. Ese día el hombre de hielo venció al calor interno que amenazaba abrasarme y convertirme en un Ser Humano.

Ahora, después de 4 años, puedo decir que soy ya un Ser Humano en todas sus esferas. Sin embargo, el proceso pudo haber sido mucho menos doloroso, mucho más llevadero, mucho más apreciado, si yo hubiera saltado en el momento de mi inmovilidad… Y tal vez, solo tal vez, yo aun conservaría el amor de la única mujer que logró derretir el gélido muro que construí alrededor de mi mismo durante tantos años.

Estoy seguro que de haberle dado un beso en ese momento, en vez de solamente girar mi cabeza en dirección contraria, ella estaría aquí, y es que ese fue el primer y glorioso instante en el que mi damisela me mostró su verdadero yo: vulnerable, desprotegida, especial… Infinitamente humana. Ella quería que yo me mostrara del mismo modo, y no lo hice. Y así comenzó la guerra interna más trágica que haya vivido, pues hubo muchas bajas, en forma de amigos, planes e introyectos; y con el tiempo, la perdí a ella, con toda su luz.

Alguna vez leí que 5 minutos no usados ayer, se convierten en 5 horas de trabajo hoy. Bueno… esos 5 minutos de negligencia, se me han convertido en casi 5 años de lucha constante, lucha en que adquirí fuerza, templanza, perseverancia, y en la que pude conocer a mis verdaderos amigos. Tal vez no pueda volver al pasado por 5 minutos, alterando el transcurso de mi vida… Pero tengo el presente, y tengo 5 minutos, horas, semanas, años, e incluso décadas para forjar lo que en esos minutos de 2010, no me atreví.

Tal vez a ella la perdí para siempre, eso lo sé. Pero aunque quede aún un gran pesar en mi corazón, también queda el conocimiento de los años, la esperanza de aprender de los errores antiguos para crear oportunidades nuevas… Y la certeza de que donde una vez hubo algo tan especial y tan majestuoso, surgirá algo, con un brillo y gloria tal vez incluso mayores que los sueños que en 5 minutos de mi pasado no logré conseguir.

–A.E.Bataz

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