Libertad, congruencia y psicología

“Permite que te dé un consejo. Nunca olvides qué eres, porque desde luego el mundo no lo va a olvidar. Conviértelo en tu mejor arma, así nunca será tu punto débil. Úsalo como armadura y nadie podrá utilizarlo para herirte.”

La primera vez que escuché esa frase, me dio muchas cosas en que pensar. Después de mucha reflexión (de verdad, pensé mucho), logré descifrar lo que el autor R. R. Martin  quiso decir con ella…O al menos, el significado que le di a esa frase.

Y lo que creo es lo siguiente: No se trata de ocultarte tras una armadura, o atacar a los demás en nombre de “la libertad”. La idea, no creo que sea evitar que te hieran. Todo lo contrario. Pienso que siempre hay gente que busca una manera de criticarte o menospreciarte (llámense compañeros, conocidos, e incluso profesores), que buscan cualquier debilidad o vulnerabilidad para ofenderte.

Sin embargo, creo que al ocultarme y aparentar cosas que no soy, estoy dando una enorme importancia al “¿Qué dirán?”, al evitar mostrar lo que soy, por miedo de los ataques. “Úsalo como armadura y nadie podrá usarlo para herirte”. Creo que es muy cierto, si me muestro tal cual como soy, orgullosamente y sin miedo, nadie podrá atacarme. E incluso si lo hicieran, si yo estoy orgulloso de lo que soy… ¿Por qué las críticas o introyectos de un tercero iban a desmoralizarme?

Tal vez no sea perfecto (¿quién demonios lo es?), pero, como decimos en lenguaje de football americano: “Si nos equivocamos, nos equivocamos a máxima velocidad y seguimos”. No se trata de agachar la cabeza ante el ridículo, de cambiar tu forma de pensar por miedo a lo que otros piensen. ¡Todo lo contrario! Si algo me gusta, me hace sentir bien (y no perjudica a los demás de manera real), sería de necios no hacerlo, o al menos intentarlo.

 Sin embargo, ¿Cómo ser libre cuando lo que aprendemos, nos lo muestra alguien más?

“¿De verdad eres tan ingenuo? ¿Le das la razón a un crío solo por que llora y dice: “Déjame jugar con el fuego, papá?” ¿Acaso le contestas, “Lo que tu quieras”? No. Porque si se quema, será culpa tuya”

Uno aprende a ser libre. Savater bien menciona que hay que liberarnos, por medio de la educación, de nuestra “animalidad”. Y es que, una persona que es esclava de sus propios impulsos, que no puede trascender la carnalidad para mejorar como persona a todos los niveles, no es ciertamente, libre.

Pero ser libre, para mí, es algo muy realizable. Me falta mucho por avanzar, cierto, pero en estos meses he vivido, pensado y cambiado tantas cosas, que estoy realmente convencido de que la libertad es algo realizable. Y ser libre no significa que todo está permitido, sino que somos los arquitectos de nuestros actos, y que debemos aceptar y afrontar las consecuencias de nuestras acciones, gloriosas o infames; haciendo uso del criterio y modo de pensar que aprendemos en nuestra infancia.

Y, como dice la frase, los padres no nos inculcan conocimiento como medio de subyugarnos (eso creo yo), sino que, por medio de un poco de orden, logran liberarnos de nosotros mismos, para que posteriormente tengamos el cerebro (y en el mejor de los casos, el corazón) suficiente para hacer eso cuando tengamos hijos.

Sin embargo, hay vicios que no cambian. De generación en generación, suele pasar que nos inculquen “valores”, que a pesar de que no pensemos que son correctos, se arraigan tan profundo que, al querer actuar de manera discorde, sentimos malestar, que llega a ser tan grave, que perdemos oportunidades de hacer lo que queremos por algo que otros nos dijeron que sería bueno para nosotros.

Por ejemplo, yo llevo dos largos años peleando contra mi incapacidad de expresar sentimientos. Siempre aprendí que una persona que muestra que siente es débil (mi padre aprendió eso de Vito Corleone en “El Padrino”), que es mejor tener un escudo contra todos y solo bajar las defensas con la familia (y en muchos casos ni con ellos), y similares.

“Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos”

Como mencioné anteriormente, hay que aceptar y mostrar lo que somos, ese es, a mi parecer, un medio de mostrar fortaleza, o incluso en caso contrario, demuestra valor, congruencia y convicción de lo que REALMENTE SOY.

Ahora, yo supongo que la mejor manera de separar los introyectos de nuestra vida, para lograr ser feliz, es simplemente eso. Hacer lo que me haga feliz. Dentro de, como ya se ha dicho, las cosas que no afecten realmente a otros, es justo y necesario (como dirían en misa) seguir la propia dicha, hacer lo que yo sienta que es mejor para mi.

No lo que PIENSE que sea mejor para mi, en mi experiencia, las decisiones que más se piensan, son las que peor salen. Las corazonadas, las intuiciones y los sentimientos, son la receta para llegar a donde quiero llegar, con gracia y en armonía para todos los demás.

Ahora bien, es deber del psicólogo (más que deber, yo diría que placer), el ayudar a los demás a descubrir esa verdad. A que aprendan que solo pueden ser completamente felices, al encontrarse con si mismos. Para ello, contamos con herramientas, como la hermenéutica y la fenomenología, y actitudes básicas: la empatía, la aceptación positiva incondicional y la congruencia.

La congruencia es, evidentemente, que nuestros pensamientos, sentimientos y acciones estén dirigidos hacia el mismo punto, haciendo uso de la libertad, tema que ya ha sido mencionado. Como decimos en mi equipo:”Yo quiero, yo puedo, yo voy”. Esto es, mi sentimiento está encaminado, se que puedo lograrlo y nada me lo impide, así que actuó en consonancia con ello.

Ahora, el problema con la empatía y la aceptación positiva incondicional, es que muchos psicólogos, se ponen en lugar elevado… Pensándolo bien, muchos profesores, muchos padres, muchas personas se revisten de “autoridad”, para subyugar y sentir que tienen poder sobre sus “vasallos”.

“¿Cuánto vale una corona… si un cuervo puede cenar carne de rey?”

Pero yo pienso que todos somos iguales. Así como todos pensamos, sufrimos, lloramos, nos levantamos, morimos, peleamos y luchamos día a día; así que, en esencia, un psicólogo no sería un “iluminado” que muestra al otro la verdad. Solo uno mismo sabe por lo que ha pasado, y ningún psicólogo tiene el poder ni la sabiduría para predecir que desea o que es mejor para un desconocido.

“No podemos saber, solo podemos sospechar”. Así, un psicólogo es el guía, el que acompaña al otro, que, al llegar desintegrado y sin congruencia, tiene las ideas en desorden. El psicólogo no es el sabio que dice al paciente que hacer, sino el escucha que ayuda al otro a comprenderse a si mismo, para que luego el mismo decida que hacer con su vida, ya que, al fin y al cabo, es su vida.

Pero, para que una persona, inicialmente, se abra al psicólogo y hable de, lo que sea que crea conveniente, hay que ser, además de congruentes, empáticos y aceptantes. Yo considero que la empatía es pensar en los problemas del otro, como si fueran míos. Como si fueran, pero no apropiarlos. Hago uso de mis vivencias para poder “deducir” o “interpretar” lo que el otro siente, ayudándome así a ponerme en sus zapatos.

Ahora, aceptar al otro, va de la mano con no ponerme en un nivel superior. Acepto que yo no poseo la verdad absoluta, ni la autoridad de discernir 100% lo incorrecto de lo correcto. Siendo así, no puedo juzgar ni decirle al otro que debe hacer, o que lo que piensa está mal.

Debemos guiar al otro para que el mismo decida si está bien o mal, resolviendo las dudas que su actuar provoca en si mismo, pero sin ponernos en papel de inquisidores, o por el otro extremo, sin echarle porras y decirle que está bien a todo lo que haga.

 Ahora, así es como se logra que el paciente se abra y empiece a hablar, pero, ¿Cómo logramos ayudarlo a integrarse y encontrarse a si mismo?

“Uno tiene que aprender a fijarse en todo, a descubrir las verdades que la gente oculta tras los ojos.”

La manera de ayudar a los otros a encontrarse, es mostrándoles las cosas que hacen, pero que no se dan cuenta de ello. Para eso usamos dos herramientas muy efectivas: La fenomenología y la hermenéutica.

La primera consiste de describir, de manera detallada, movimientos, gestos, tonalidades y demás factores no verbales, pero que dan forma a la conversación, y que incluso la persona, suele no darse cuenta de ello. Innumerables han sido las veces que me he descubierto apretando la quijada, o hablando con mayor rapidez, o sudando cuando hablo de un tema que me resulta incómodo.

Al notar esto, el paciente puede notar emociones en su cuerpo, malestares, presiones y demás, para posteriormente ponerles un nombre (puede ser miedo, alegría, tristeza, enojo o afecto), y poderlas expresar, en estados más avanzados, como sentimientos; solo hasta que uno se descubre puede hacerlo, ya que la falta de integración suele ocurrir cuando dos o varias emociones entran en conflicto, producto de introyectos o factores similares.

Ahora, colocar las acciones de la persona, no lo es todo. Debemos saber interpretar, usando la hermenéutica, para ayudar más a fondo al individuo a contactarse. Interpretar hermenéuticamente, es, decir lo que yo percibo sobre el otro. Puede estar incorrecto, pero da la pauta al otro para que reflexione sobre que realmente siente en su interior.

El proceso es difícil, ya que “es muy duro tener que enfrentarse a si mismo en el espejo”, y siendo así, pueden surgir momentos de dolor, tristeza y pesar, a los cuales, el psicólogo debe enfrentar acompañando al otro, sin consejos, juicios, sin apapachar ni nada, solo acompañando al individuo y estando allí cuando lo necesite.

Si seguimos las pautas anteriores, el actuar psicológico será prometedor y las personas a las que ayudemos podrán salir con las herramientas necesarias para enfrentarse a la vida, de manera íntegra y completa.

“Mi mejor arma está en el cerebro. Mi hermano tiene su espada, el rey tiene su maza, y yo tengo mi mente… Pero una mente necesita de los libros igual que una espada de una piedra para conservar el filo. Por eso leo.”

Para terminar, he de decir que he reflexionado mucho el presente semestre. Muros han caído, muros están por caer, y yo me quedo con lo que hemos aprendido, muy agradecido por la oportunidad de cambiar las cosas que aprendí a callar, a ignorar o a barrer debajo de la alfombra.

A partir de muchos golpes, vivencias, aprendizajes, lecturas, y experiencias, he aprendido a ser lo que soy, decidiendo que cosas tomar y que no de los demás… A pesar de aun tener ciertos introyectos (como la pena de hablar en público), cada vez son más débiles, cada vez mi voluntad se impone un poco más, así que creo que voy por el buen camino.

Además, muchos introyectos ya han caído completamente y eso me da gusto, ya que noto que llevo la vida de manera más ligera (sin que eso signifique que no me importa, solo que no me tomo las cosas tan “a pecho”), y que puedo expresarme y dejarme sentir de manera más armoniosa, lo cual mejora mis cualidades de amigo, estudiante, jugador de americano y otros aspectos.

Mi plan es abordar esta forma de hacer psicología para ayudar a otros a superar sus problemas y conflictos, del mismo modo que yo he sido ayudado. Espero tener éxito en esa empresa que, a mi parecer, es muy ambiciosa y prometedora, al menos a nivel de “ser feliz”.

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Este es un ensayo que escribí hace tiempo para la unviersidad, pero que creo que tiene muchovalor, pues en él expresé precisamente, mi forma de pensar.

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