Inspirado… ¿por qué?

He estado inspirado de mil cosas, pero al sentarme a escribir poema, novela o cuento, la inspiración se retrae y se vuelve invisible, dejándome con ese “nudo en la garganta” de escritor, que no me permite concentrarme, y solo me hace dar vueltas en la cama, preguntándome a mi mismo “¿qué demonios está pasando?”, sin saber de que se trata este asunto, esta elusiva y elitista Musa que exige que escriba algo, pero no me da la menor idea de que.
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¿Una carta, tal vez? Vale la pena el intento. Una carta… ¿a quien? Otra buena interrogante. Pero como en todos los momentos de inspiración, dejaré que la carta por si misma decida a quien debe ser escrita. He escrito últimamente, sobre planos astrales aún no explorados por mi, sobre amores aún no experimentados por mi, y sobre mil cosas que no he visto, conocido ni descubierto.
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¿Por qué? ¿Hay un problema? Tal vez la fiebre de fin de semestre, de la cual apenas me estoy curando, esté causando, como una réplica de terremoto, un efecto secundario: la necesidad de sentarme cada día a escribir, a conseguir un tributo de tinta y caracteres a una deidad imaginaria, pero que está ahí, sedienta de historias, de versos, de lineas y de información.
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Una deidad… al escribir esa palabra, algo dentro de mí se exaltó, tal vez si le estoy escribiendo a un ser superior, o al menos, ajeno a mi percepción inmediata… Me siento incitado a escribir algo en tiempo real, algo que acaba de suceder hace no más de diez segundos, y que tiene mucho que ver con está deidad, por ahora, desconocida. Este acontecimiento, a pesar de ser tan trivial como un respirar, es tan importante como eso mismo: mi teléfono celular vibró.
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Eso no sería importante, de no ser por la sensación que vino después de ello. Un hueco en el estómago que se siente antes de subir a la montaña rusa, por dar un ejemplo comprensible sin el menor problema. ¡Hacía tanto tiempo que no sentía algo así! Por un segundo pensé que esta deidad (palabra que comienza con “D”, como muchas otras: “dorado”, “doloroso”, “damisela”) había decidido retirar el cerco comunicativo, para por fin, intercambiar palabras con este “Sumo sacerdote” que solamente le reza, le ofrenda y le hace alabanzas.
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Y ahora paso al tema de la religión. ¿Será que ella, realmente se ha convertido en una deidad? Como si no supiera la respuesta. Cuentos, poemas, media novela y demás tonterías han sido inspiradas por su vera, y por su vera me mantengo con vida y fe, sin importar lo que ocurra. ¿Es un pecado colocar toda mi creación, mi realidad y mi amor en una persona? Si lo sea, seguramente me he ganado un sitio en el Infierno. Y eso espero, pues solo en ese lugar estarán sus ojos, llenos de un fuego aterradoramente cautivador, en los que, alabados sean los dioses, quiero sumergirme por el resto de la eternidad.
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–A.E.Bataz
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Alguna vez esto estará en un libro, así que cuando se lea, que todos sepan que primero se vio aquí, en este diario cibernético llamado “Hablando con Sinceridad”.
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Un pensamiento en “Inspirado… ¿por qué?

  1. John dice:

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