Los Habitantes (Cuento/Carta)

Puede que no entiendas mucho las metáforas, pero por favor, intenta seguir este cuento: – ¿Qué sucede? – Le dijo un hombrecillo al otro. – Cuando el mal acontece afuera, solo el interior lo resiente. – respondió otro pequeño hombre, un poco más anciano. Al exterior, estaba yo, parado junto a ti, diciéndote todo lo que sentía en ese momento. Tú dijiste –Adiós. –, sin ningún titubeo, y con ello se comenzaron a marchitar todos los pastizales y árboles frutales de mi interior. Cada castillo, torre y fortaleza que habían formado “Los habitantes”, comenzó a destruirse.
.
Con ellos, con Los Habitantes, yo hablaba cuando estaba solo, y apenas ahora recordé que existían; que yo los había creado en mi fantasía. – Pero, ¿a qué le tienes tanto miedo? Por favor, se que no soy perfecto, pero te juro que lo intentaré… Somos diferentes, ¿y? – esa fue mi mejor defensa, pero yo sabía que toda palabra sería vana para ti, pues la seguridad es tu emblema, tu mayor fortaleza, tú más grande barrera y tú único, pero catastrófico defecto: temes al riesgo y al terreno difícil.
.
Lo que tú no sabes, es que la “dificultad” y las personas diferentes son los ingredientes más bellos de una relación. Lo que no entiendes, es que por más que pensemos diferente, te quiero. Lo que no has logrado ver, esque olvidé a “Los habitantes”, no por falta de tiempo, ni de soledad (Dios sabe que la soledad ha sido mi mayor compañera); sino por que con ellos hablaba cuando me sentía triste y realmente solo… Y al hablar contigo, al tomarte de un brazo y acercar mi rostro a un hombro tuyo, todo cambiaba y nada era igual. Los habitantes construyeron mil torres en tu nombre, mil torres que no tenían ningún estandarte a la amistad, por cierto.
.
Los habitantes habían sufrido mucho cuando Ella (la damisela, para ser claro) se fue. – No volveremos a construir, ¿verdad? – Me preguntó uno de ellos, pues Ella convirtió las praderas en campo estéril. Pero ahora… contigo, el pasto volvió a crecer de un color tan verde como el de tus hermosos ojos, y el sol había brillado, por las mañanas, con un tono tan dorado como el de tu cabello, al que tanto me gusta mirar; y en el ocaso, de un color tan rojo como el rubor de tus mejillas cuando te sientes apenada. Los Habitantes vivieron en prosperidad por años… pues hay que decirlo, en mi mente el tiempo pasa muy rápido.
.
Créeme que cuando te decía que te quiero, era verdad. Es triste, ¿no? Que yo tenga miedo y lo enfrente, pues así como para un amor hacen falta dos, para una amistad también. Y hoy no ofrezco fraternidad contigo. Los habitantes están marchitando una vez más, y se que en el futuro renacerán y el campo volverá a ser verde… pero nunca volverá a ser tan verde como tus ojos, que cuando sonríen, reflejan toda la vida de ambos mundos, todas las esperanzas y sueños que, a pesar de haber sido apresurado, coloqué en ti. Y es triste, ¿no? Que cada que vuelvo a pensar en esa sonrisa tan tuya, los habitantes vuelven a sonreír y a saber que, por más que el sol se oculte, sigue siendo dorado como tu cabello, al que tanto me gusta mirar… o tan rojo, como el rubor de tus mejillas cuando te sientes apenada.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s