¿La última carta?

Como manuscrito hallado dentro de una botella lanzada hace cientos de años en el mar, encontré un mensaje tuyo que inundó mis pensamientos. Ese mensaje fue “lanzado” en 2010, cuando estábamos juntos. Y tal vez no lo hubiera visto jamás de no ser por el destino, que me guió a excavar un poco más en mi cajón de los recuerdos.
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“Te quiero, mi Agus.” Recitaba ese breve mensaje tan sencillo, pero cargado de una historia, miles de anécdotas y un sentimiento tan grande como la sombra del Rey Arturo sobre Bretaña: el recuerdo de que alguna vez, alguien tan magnífico existió y alegró las almas de quienes pudieron compartir con él.
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Así, los momentos que viví a tu lado fueron sin duda los mejores, una edad dorada que llenó mi espíritu con la misma fuerza con la que se vació en tu ausencia. Y sin embargo, aquí sigo, respirando con cada vez más cadencia, fortaleza y solidez. Sigo vivo, y tu recuerdo sigue alejándose.
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Hoy, donde solo había cenizas y ruina, brotó una flor. Una flor pequeña, pero que volvió a embellecer las tierras y a llenarlas de la esperanza de que el jardín volverá a surgir, una flor en la que estoy dispuesto a dedicar tiempo, constancia y dedicación (suponiendo que dicha flor no desea morir y acepta mis cuidados, claro está).
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Tal vez tu sombra siga, pero la luz, por pequeña que sea, siempre hace que las sombras se retraigan y desaparezcan; pues la flama de la vela más escueta es más poderosa que las tinieblas de la más profunda caverna, y así… La esperanza, por mínima e irreal que sea, es mejor que aferrarse a sueños no logrados, a guerras perdidas y a victorias pasadas.
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Es un honor saber que si, logré liberarte de tu torre, como siempre intenté hacerlo, a pesar e que nunca logramos conseguir ese “vivieron felices para siempre” que tanto anhelamos, o al menos yo lo hice. Pero se que así como yo aprendí, tu también lo hiciste y ahora no será tan fácil que el dragón más fuerte te aprese y te haga sufrir. Al menos esa misión la cumplí.
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Ahora, depende de nosotros. Yo en mi camino, tú en el tuyo; pero como alguna vez dijimos a cierta persona que intentó dañarnos: “No nos doblegaremos ante ti, y ante ningún otro.” Se fuerte, y se consciente de que mi aliento puede servirte de calor cuando todo falle, así como tu recuerdo me hará fuerte cuando el frío cale mis huesos. No estaremos juntos, pero hemos construido nuestras identidades en esta aventura, y por ello siempre te estaré agradecido.
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Sin embargo, quiero resurgir. Quiero encontrarme a mi mismo y encontrar a alguien más, y por imposible que parezca que sea yo quien dice esto: hoy, después de poco más de tres años de lucha, amor, desamor, risa, llanto y la aventura más grande en la que me he embarcado, después de subir al paraíso y pelear en el Hades contra mis propios demonios….
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Creo que estoy listo para dejarte ir, y buscar vida más allá de tu memoria.
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–A.E.Bataz
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