Superando el Luto

En estos tiempos de luto para mis parientes, después de dos años que para mi mismo han sido de un extremo luto por haber perdido de manera irremediable a la que yo podía considerar (si no es que aun considero) “el amor de mi vida” y después de haber apoyado a muchos conocidos, parientes y amigos míos con diversas pérdidas y dolores emocionales, creo que he llegado a una conclusión sobre como es posible ayudar a alguien.
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Sonará de a libro de auto-ayuda o a psicología humanista (porque si, he leído toneladas de libros de auto-ayuda y me identifico con el humanismo), pero pienso que las personas tienden a estar bien, a menos que algo pase y nos instale la idea de que esa no es una posibilidad (lo que se concoe como “estar fragmentado”). Ya sea la muerte de un ser querido, un complejo o un evento desafortunado de cualquier clase, puede “meternos” introyectos y demás formas de pensar no ideales para poder desenvolvernos bien (lo que en psicología cognitivo-conductual se conoce como “ideas irracionales”).
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El problema para mi, es que todos intentamos dar un uso irracional a la razón; me explico, la razón sirve para resolver problemas racionales, no emocionales. Es como decirle a un alcohólico que beber le hace daño porque jode su hígado y eventualmente se morirá. El adicto dirá que es verdad (pues todos se lo han dicho mil veces en el pasado y sabe que es verdad), que pronto aprenderá y cambiará… el cambio dura tres días y después descorcha la primer botella que encuentra.
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Asimismo, creo que las personas podemos ser adictas a los sentimientos, por más que ello sea auto-destructivo. Por ejemplo, en mi experiencia, me pasé casi tres años repitiendome el sufrimiento y el dolor por no tener a esa persona especial a mi lado, rodeado de todas las típicas “idioteces adolescentes” que se piensan al perder el amor: “nunca volveré a amar”, “nunca seré feliz”, “fue mi culpa y soy un imbecil por haberla perdido”, cosas así.
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El punto es que yo había escuchado (e incluso aconsejado con) las típicas frases: “hay muchos peces en el mar”, “debes ser fuerte”, “échale ganas”, “¡no mames, ni que estuviera tan buena!”, y demás frases “racionales” que en teoría deberían bastar para aplacar el dolor. No bastan. Lo emocional se trata con técnicas emocionales, y lo racional con técnicas racionales (por ejemplo, yo no tacho de inefectiva ninguna doctrina psicológica, pero creo que cada una tiene un crédito y un “campo de acción”).
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Es triste, pero yo creo que estamos solos en ese mundo de dolor en el que nos sumergimos. Claro, es bueno sentirse apoyado y saber que puedes ser escuchado por tus hombres o mujeres de confianza, pero a fin de cuentas, ningún consejo, apoyo ni terapia serán tan fuertes como tu voluntad de seguir o no con el dolor. Yo creo que las crisis construyen, y cada barrera es un aprendizaje.Sin embargo, yo si tengo este pensamiento “darwinista” de selección natural, y creo que no todos son aptos para superar. Yo creo que en cada crisis, te hundes o resurges más fuerte, y si eres indigno de superarte, el mundo te mantendrá gimiendo de pesar por el resto de tus días, hasta que te decidas a luchar contra tus demonios y vencerlos para una mayor felicidad, o al menos, equilibrio.
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Por ello, yo creo que como amigo, psicólogo o simplemente como persona a la que una persona triste acude, no debes aconsejar, regañar ni “apapachar”, sino simplemente escuchar y escuchar. Obvio, dar tu opinión (por más contradictoria a lo que sienta o quiera sentir tu amigo), pero sin querer imponerla ni tratar al otro como un tonto que no sabe. La persona que más sabe sobre los problemas de un hombre, es el hombre que tiene los problemas. Sin embargo, la magia de acompañar a alguien es tan grande, que con solo eso, una persona puede aprender por si misma (el famoso “insight”) lo que debe o no hacer.Ya de ahí, si decide enfrentar a sus dragones internos y conquistar el reino de su propia libertad, es material para otra historia.
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Lo importante, como “complemento” de tu propia búsqueda de una luz en tiempos de oscuridad, es no descuidar tu salud integral ni a los tuyos (hay veces que apoyando a tus amigos, encuentras esa esperanza que tanto tiempo te eludió). Si quieres meditar, medita. Si quieres ver películas tontas que te hagan reír, velas. Haz lo que te llene un poco más, y evita lo que ponga “limón en la herida”, pues aunque es muy fácil recordarse a uno mismo sus defectos, es mejor sentir el dolor, saborear el dolor y dejar ir el dolor…
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Puede que llores mil años y otros mil te quieras quedar “echo bolita” en tu cuarto sin salir. Mientras no arruines la vida de otros directamente, hazlo (por ejemplo: si no tienes a nadie que dependa directamente de ti, y no te expongas a ningún riesgo quedando en estado de “hibernación”). Pero ten en mente que por más choteado que suene, mañana será otro día. Pero no hay una señal divina, ni un héroe que te rescate. ¡Tu eres tu propio salvador!
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Y si quieres superarte, haces lo necesario y te superas. Te puedes apoyar de los tuyos (nada más hermoso que poder llorar tus penas en compañía de alguien que te entienda, o al menos te apoye), pero a fin de cuentas, en el campo de batalla llamado “mundo real”, eres tu contra tus miedos, y cuando pierdas el miedo, ganarás la libertad. Y por más que pienses que se te sale el corazón por cualquier cosa triste que te haya pasado, sobrevivirás. Te lo prometo, sobrevivirás.
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